Nota del editor: Jill Filipovic es una periodista que trabaja en Nueva York y en Nairobi (Kenia). También es autora del libro The H-Spot: The Feminist Pursuit of Happiness (El punto H: la búsqueda feminista de la felicidad). Puedes seguirla en Twitter. Las opiniones expresadas en esta columna corresponden únicamente al autor.

(CNN) – Con el próximo matrimonio del príncipe Enrique y la actriz Meghan Markle, una feminista llegará al corazón de la familia real británica.

En muchos sentidos, la entrada de Markle a la monarquía de Gran Bretaña es radical: es una mujer birracial estadounidense que se describe a sí misma como feminista y quien ha defendido a las mujeres y a las personas negras dentro y fuera de la pantalla. Además, tiene una próspera carrera en la actuación.

También es mayor que el príncipe con el que se casará. Está divorciada. Es la trastataranieta de un esclavo emancipado. “Nunca he querido ser una dama que cocina, siempre quise ser una mujer que trabaja”, escribió Markle en su ahora desaparecido blog. Por eso resulta tan decepcionante saber que dejará su carrera actoral después de casarse.

Obviamente, Markle debería hacer lo que le plazca para ser feliz. Tal vez hubiera renunciado a su trabajo de todos modos, quizás está agotada o aburrida y simplemente quiere tomarse unos cuantos años para vivir en un palacio y viajar por el mundo. (¿Quién podría culparla?)

Y no está retirándose de la actuación precisamente para ofrecer fiestas de té: quiere dedicarles más tiempo a las causas que le importan.

Pero lo cierto es que en la familia real la polémica se mantiene a raya. Desde luego, ella puede visitar orfanatos y hablar sobre los derechos de las niñas, pero ¿se le permitirá ser activista de políticas que mejorarán las vidas de esas niñas o incluso expresar su opinión libremente? Probablemente no, dado que se espera que los miembros de la realeza no compartan públicamente sus opiniones políticas ni den pistas sobre cómo votar en las siguientes elecciones.

Es imposible ser un defensor eficaz de la igualdad y luchar contra la opresión si no puedes nombrar ni criticar las instituciones o las políticas que fomentan la inequidad y la subyugación. De manera que, si bien es admirable que Markle quiera dedicar más tiempo a sus causas, la exigencia de la familia real de que tales esfuerzos se despoliticen también implica que su activismo no será particularmente efectivo.

En docenas de artículos sobre el compromiso entre Markle y Windsor, ella es descrita como “ferozmente independiente”. Al casarse y renunciar a su carrera arduamente ganada, literalmente va a depender de manera total de su esposo y su familia.

La realeza británica es una de las instituciones más patriarcales del planeta. Fue hace apenas unos pocos años, con el inminente nacimiento del primer hijo de Guillermo y Catalina, que se cambiaron las leyes de sucesión para que las niñas tuvieran un acceso equitativo al trono, igual que sus hermanos. Una decisión con la que la monarquía pasó de ser un patriarcado bastante literal a un arreglo más moderno.

Aún así, se espera que las mujeres de la realeza sonrían para las cámaras, se vistan hermosa pero modestamente y tengan hijos. ¿Con qué frecuencia oyes hablar a la duquesa de Cambridge?

Markle es simplemente una mujer que persigue lo que ella cree es lo mejor para su vida. Está enamorada. Se va a casar con un príncipe de verdad: una fantasía de muchas niñas en Estados Unidos.

Pero Markle también es la mujer que les escribió cartas a Hillary Clinton y a Gloria Allred criticando un anuncio de jabón para lavar platos que insinuaba que sólo las mujeres lavaban platos. Es la misma que escribió un ensayo mordaz sobre cómo fue creer siendo una niña birracial en Estados Unidos.

Bien puede que ella esté obedeciendo las reglas de una institución muy pública y muy patriarcal porque la otra opción sería perder a su amor (y también hay muchos beneficios por ser miembro de la realeza).

Es una pena. No porque que Markle esté haciendo un cálculo así para su propia vida, sino porque la familia real todavía exige que las mujeres que se casan con sus miembros hagan sacrificios, silencien sus voces fuertes y priven al mundo de su efervescencia, sus talentos y sus dones.