Washington (CNN) - No es de sorprenderse que el presidente esté atacando.

Donald Trump esperó diez largos meses para la reivindicación con su primer gran triunfo en el Capitolio: el voto del Senado sobre la reforma tributaria. Pero este logro, cuando llegó, se vio opacado con su peor momento como presidente: el acuerdo de culpabilidad que involucró al asesor de Seguridad Nacional despedido, Michael Flynn, lo que recuerda el paso sin pausa del fiscal especial Robert Mueller hacia la Oficina Oval.

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En los últimos días, los mecanismos que definen esta era política de incredulidad y confusión, el proyecto de ley tributario, la investigación de Rusia y la creciente amenaza de guerra con Corea del Norte, se han unido en un momento agitado que dará forma a la manera en que se vivirán las elecciones del próximo noviembre, pero también el lugar que tendrá en la historia el presidente número 45 de Estados Unidos.

Donald Trump vive días de buenas y malas noticias.

Los esfuerzos republicanos para conseguir que el proyecto de ley de impuestos esté en el escritorio de Trump a fin de año coinciden con un ominoso giro en la investigación de Mueller después de que Flynn se convirtiera en el cuarto personaje cercano a Trump en ser acusado, lo que aumenta la posibilidad de que pueda testificar contra el presidente, su yerno, Jared Kushner, y su hijo Donald Trump Jr..

Una de las preguntas claves después del ataque de Mueller contra Flynn fue cómo reaccionaría Trump. Como era predecible, el presidente explotó en Twitter, negó las malas acciones, cuestionó a su propio FBI y puso en tela de juicio si la investigación de Mueller serviría a la justicia.

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"Tuve que despedir al general Flynn porque le mintió al vicepresidente y al FBI. Se ha declarado culpable de esas mentiras. Es una pena porque sus acciones durante la transición fueron legales. No había nada que ocultar". tuiteó el sábado por la mañana. En otro tuit, dijo que la reputación del FBI está hecha "pedazos".

 

Y esta reacción solo aumentó la idea de que Trump es a menudo su peor enemigo político. Además dio a entender que Mueller siembra el pánico en la Casa Blanca y socava la idea de que la incesante actividad del presidente en Twitter es el secreto de su éxito.

Empeorando lo peor

Trump empeoró las consecuencias de la declaración de Flynn con un tuit de su cuenta el sábado. En él decía que había despedido a su exasesor cercano a principios de este año porque le había mentido al vicepresidente Mike Pence y al FBI por las conversaciones con funcionarios rusos. El comentario desencadenó una tormenta política y dio pie a preguntarse si él había admitido efectiva e inadvertidamente obstruir la justicia.

Si Trump sabía que Flynn le había mentido al FBI cuando le había pedido a James Comey en febrero que sea benévolo con su exasesor de Seguridad Nacional, él podría ser visto como un defensor de un encubrimiento de un crimen.

El abogado de Trump, John Dowd, finalmente insistió en que él, y no Trump, había escrito el tuit.

El analista legal de CNN Michael Zeldin dijo el domingo que Dowd habría tuiteado en primer lugar solo si Trump le hubiera pedido que lo hiciera, o si habría cometido un "terrible error".

"Se generó un gran lío para el presidente tras ello", dijo Zeldin, quien dijo que no creía que fuera posible que Trump supiera que Flynn mintió al FBI cuando lo despidió.

El episodio insinuó la extrema presión e incluso el pánico generado en la Casa Blanca con cada movimiento de Mueller, un estado de ánimo que aparentemente también se refleja en los tuits de fin de semana de Donald Trump.

Otro tuit también al parecer hundió más a Trump se hundía en el fango legal y político.

"Nunca le pedí a Comey que dejara de investigar a Flynn. ¡Más noticias falsas sobre otra mentira de Comey!", tuiteó Trump el domingo.

Por sí solo, el tuit no incrimina a Trump, pero ejemplifica el peligro legal en el que se encuentra ahora.

Eso es porque si repitiera esa declaración bajo juramento ante el equipo de Mueller, se establecería un choque directo con el testimonio público y bajo juramento de Comey, quien dijo, basado en apuntes, que Trump realmente le pidió que terminara la investigación de Flynn.

Si el presidente repudia su propia posición, admitiría efectivamente que intenta interferir en una investigación federal.

Cualquiera de estos escenarios podría representar graves riesgos legales y políticos para Trump y su presidencia. Y ambos plantean una pregunta fatídica: ¿por qué el presidente estaba tan interesado en frustrar la investigación de Flynn, y qué sabe el exasesor de Seguridad Nacional de la presunta colusión electoral con Rusia que ahora está obligado a decirle a Mueller?

Comey apeló a Twitter el domingo por la noche para disparar contra Trump, reciclando una cita de su testimonio en el Congreso en junio.

"Quiero que el pueblo estadounidense sepa esta verdad: el FBI es honesto, el FBI es fuerte y el FBI es, y siempre será, independiente", tuiteó Comey.

La senadora de California Dianne Feinstein ejemplificó la oscurecedora tormenta alrededor de la Casa Blanca, en una aparición en NBC.

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"Lo que estamos empezando a ver es la construcción de un caso de obstrucción de la justicia", dijo Feinstein, la principal demócrata en el Comité Judicial del Senado, que está llevando a cabo su propia investigación en Rusia.

Ganó en la reforma tributaria

Este fin de semana de profundización de la intriga sobre la investigación de Mueller le robó al presidente la opción de obtener un completo triunfo político con el voto del Senado sobre la reforma tributaria.

"Estamos un paso más cerca de ofrecer recortes tributarios MASIVOS para las familias trabajadoras en todo Estados Unidos", escribió el presidente este sábado por la mañana, haciendo todo lo posible para marcar el momento legislativo más trascendental de su presidencia.

Si bien la medida de reforma tributaria es muy controvertida, el oficialismo  describe al pasado como una época de halcones deficitarios y los demócratas lo tildaron de obsequio masivo a los ricos a expensas de la clase media, será una victoria significativa para los republicanos cuando las versiones de la Cámara y el Senado se combinen y se envíen para la firma de Trump.

El proyecto de ley es la reforma de mayor alcance del código tributario desde la era Reagan. Finalmente acredita el monopolio del Partido Republicano en el poder de Washington. Los candidatos republicanos finalmente tienen una victoria para vender a los votantes a mediano plazo. Es una medida que respaldará el nombre de Trump en la historia y también reaviva la reputación del líder de la mayoría Mitch McConnell, quien vio su aura de experimentado opacada por la imposibilidad de aprobar un proyecto de ley de revocación de Obamacare.

Cuando Donald Trump firme la medida, como ahora parece probable, sus críticos ya no se podrán burlar de él por carecer de una gran victoria legislativa durante su primer año en el cargo, el momento en que el poder del presidente usualmente está en su apogeo.

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Sin embargo, es demasiado pronto para evaluar el impacto político duradero de la reforma tributaria.

Los republicanos creen que las disposiciones que incluyen un recorte del 15% en la tasa impositiva corporativa encenderán una era económica dorada, anticipada por la impresionante tasa de crecimiento del 3,3% en el producto interno bruto en el tercer trimestre, que representa uno de los puntos brillantes de la presidencia de Trump.

"Estamos en una competencia global. Debemos ganar esa competencia, lo que significa que nuestro código tributario debe ser competitivo con el resto del mundo", dijo el senador republicano de Carolina del Sur Tim Scott a Jake Tapper de CNN.

"Cuando eso suceda las compañías estadounidenses generarán más beneficios, más ingresos para el gobierno, y podremos lidiar mejor con nuestra deuda nacional", dijo.

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Si Scott está en lo cierto, el mercado bursátil ampliará sus actividades, más estadounidenses tendrán trabajo y las compañías abrirán nuevas fábricas, proporcionando así un entorno económico favorable para los republicanos mientras se dirigen a las elecciones de mitad de período.

Esos votantes republicanos que se irritan por el comportamiento volátil de Trump pueden apoyarlo ahora en su intento de reelección si es que su gobierno provee gran prosperidad.

Los demócratas

Pero este es un momento clave para los demócratas también.

Los principales funcionarios del partido perciben una apertura política, creyendo que la medida reducirá el déficit en más de 1.000 millones de dólares y provocará que las corporaciones usen sus ganancias extraordinarias para volver a comprar acciones en lugar de invertir en sus propias operaciones para crear más empleos.

Acusan a Trump de darle la espalda a la clase trabajadora blanca en la que basó su apoyo político. También predicen que el proyecto de ley provocará que el Partido Republicano reduzca considearablemente los programas sociales que Trump prometió proteger en 2016.

"Señor presidente, usted le dijo al pueblo estadounidense una y otra vez que no iba a recortar la Seguridad Social, Medicare y Medicaid", dijo el senador de Vermont Bernie Sanders, un independiente que compitió por la candidatura presidencial demócrata en 2016.

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Mientras la política doméstica y la amenaza de Mueller a Trump dominaban un fin de semana de sucesos políticos en cascada, hubo un nuevo giro en el tercer tema dominante que exigía la atención del gobierno: Corea del Norte.

El actual asesor de seguridad nacional, HR McMaster, advirtió que la perspectiva de un conflicto que podría ser uno de los más devastadores en décadas e incluso nuclear se "incrementa cada día".