(CNN) – Toda la cobertura que antecedió al primer día de testimonio de Mark Zuckerberg en el Congreso este martes sugirió que él se enfrentaría a un verdadero interrogatorio. La extraña aparición del presidente ejecutivo de Facebook en Washington se produce cuando la compañía atraviesa una tormenta de preguntas sobre la privacidad de los datos y su papel más amplio en la vida de Estados Unidos.

Pero resultó que la audiencia fue menos incisiva y poco crítica, en parte gracias al hecho de que la gran mayoría de senadores encargados de interrogar a Zuckerberg simplemente carecieron de una comprensión profunda –que estuviera por encima de lo superficial– acerca de lo que realmente hace Facebook.

Para ser franco, fue como ver a tu abuelo tratando de entender la manera en que llevaron el internet a tu nuevo MacBook Pro. O como preguntarle al beisbolista Ted Williams si subes la mano izquierda o derecha cuando bateas.

Aquí dejo un ejemplo: la conversación entre el senador Orrin Hatch, republicano por Utah, y Zuckerberg.

Hatch: “¿Cómo sostiene un modelo de negocio en el que los usuarios no pagan por su servicio?”

Zuckerberg: “Senador, publicamos anuncios”

In-có-mo-do.

Evidentemente, no todos los intercambios fueron así. El senador por Carolina del Sur Lindsey Graham, republicano, fue inteligente e informado. Igual estuvo el desempeño del senador demócrata por Hawai Brian Schatz, quien dio en el clavo cuando le preguntó a Zuckerberg qué significa exactamente que cada usuario “posee” su propia información en la plataforma de Facebook. Y el senador Chris Coons, demócrata por Delaware, destacó los problemas inherentes a los anuncios orientados de la red social. (¿Y si un fabricante de píldoras de dieta logra alcanzar a adolescentes luchando contra la bulimia y la anorexia?).

Es más, la primera serie de preguntas que hizo la mayoría de senadores estuvo bien: probablemente porque fueron, al menos en parte, formuladas por personal con más conocimiento práctico de lo que hace Facebook y los problemas inherentes.

El problema fue que cuando Zuckerberg respondía –y vale destacar que se apegó a un guión muy estricto en la mayoría de ocasiones– quedó al descubierto la falta de conocimiento tecnológico entre quienes le plantearon las preguntas. ¿El resultado? El presidente ejecutivo de Facebook rara vez fue presionado, pocas veces forzado a salir de sus puntos centrales y casi nunca obligado a contestar las preguntas reales que enfrenta su plataforma.

El punto: el Senado es un lugar muy útil para discutir muchos de los problemas que enfrenta Estados Unidos. Pero, al menos este martes, no fue un foro provechoso para debatir los desafíos existenciales que el gigante de la tecnología nos ha planteado como país.