Nota del editor: Arick Wierson es productor de televisión ganador de un premio Emmy, y exasesor principal de medios del alcalde de de Nueva York, Michael Bloomberg. Actualmente es consejero político y de clientes corporativos en Estados Unidos, África y América Latina. Puedes seguirlo en @ArickWierson. Los comentarios expresados en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. 

(CNN) - Este martes, la Casa Blanca anunció que el presidente Donald Trump cancelaba su viaje a Lima, Perú, a la Cumbre de las Américas, una cumbre regional de líderes de los países de América Latina y el Caribe. Su repentina cancelación y decisión de enviar al vicepresidente Mike Pence en su lugar pondrá una traba aún más grande entre Estados Unidos y sus aliados regionales. Pence irá a Lima, pero no a Colombia, la segunda parte del viaje que Trump había anunciado.

Oficialmente, la Casa Blanca asegura que el ataque con armas químicas en Siria es la razón por la que Trump necesita quedarse en Washington. Como si el presidente Trump no fuera completamente capaz de monitorear desde el Air Force One cualquier contraataque que esté planeando, un avión que según el sitio web de la Casa Blanca describe como “equipado con un avanzado equipo de comunicaciones seguras, lo que permite que la aeronave funcione como un centro de comando móvil".

(Crédito: Eric Thayer/Bloomberg)

La realidad es que la redada del FBI en la oficina de Michael Cohen ha molestado profundamente al presidente, y ese sería el por qué él ha optado estar cerca de su familia, amigos y aliados mientras esta crisis se desenreda.

Pero la excusa de Trump —o su declaración del martes en la noche de que “me hubiera encantado haber ido”— no engaña a nadie. Él nunca quiso ir a la Cumbre de las Américas. “Dado el desprecio del presidente Trump por la región, su gente, y sus instituciones, combinado con su total falta de interés en América Latina, excepto por su propia piñata personal, uno solo puede considerar la cumbre de Lima muerta a su llegada”, me dijo Jerry Haar, profesor de Gerencia y Negocios Internacionales en la Universidad Internacional de Florida.

A diferencia de algunos de sus viajes anteriores en los que Trump fue tratado como realeza —¿recuerden su extravagante viaje a Arabia Saudita el año pasado?— su viaje a Perú iba a recordar una muy incómoda y grande cena de Acción de gracias en la que él podría asumir un poco el papel del tipo desequilibrado que todo el mundo espera que no aparezca.

Desde mediados de la década de 1990, la Cumbre de las Américas ha sido una oportunidad para los líderes desde Canadá hasta Argentina de profesar su amor colectivo y admiración para los ideales democráticos, el comercio regional, seguridad y otras áreas de interés mutuo y cooperación.

Pero Trump no ha expresado ese amor y admiración por sus aliados regionales. Se dice que él se refirió a Haití y a El Salvador (también a África) como “países de m****”. Y en varias oportunidades ha señalado a México y a varios inmigrante centroamericanos que cruzan las frontera como la causa de los problemas en Estados Unidos.

Con el prospecto de tener que enfrentarse a líderes de países que él en varias oportunidades ha insultado, no es sorprendente que Trump decidiera rápidamente apretar el botón de Cancelar en esta transacción en particular y enviar al vicepresidente en su lugar.

No es claro exactamente lo que Trump —y ahora Pence— espera lograr en Lima. Con el Departamento de Estado liderado por un secretario de Estado interino y un Buró de Asuntos Hemisféricos liderado por un secretario asistente interino, es difícil imaginar que mucho pensamiento estratégico o planificación de políticas se haya hecho antes del viaje.

Oficialmente, a pesar de la constante pugna del presidente con la región con la amenaza de nuevos aranceles a las importaciones, un muro fronterizo, y su determinación ininterrumpida de devolver a los dreamers a sus países de origen, la Casa Blanca solo ha hecho referencias vagas a sus objetivos, citando el fortalecimiento de los lazos entre Estados Unidos con las democracias regionales, discutir el comercio justo y coordinar una mejor seguridad en la frontera.

Bajo circunstancias normales, un presidente de Estados Unidos tendría la autoridad moral (y el ímpetu) de usar la cumbre como una plataforma para ejercer más presión sobre la rampante corrupción que hay en la región. Según el Barómetro Global de Corrupción, el 67% de los latinoamericanos creen que la corrupción aumentó el último año, y más de la mitad sienten que sus gobiernos están fallando al abordar el problema.

Pero cómo podría cualquier persona de la Casa Blanca de Trump empezar a abordar a los líderes regionales sobre el tema de la corrupción, cuando el propio equipo de campaña de Trump está bajo investigación por parte de un fiscal especial, y varios de sus allegados han sido acusados con cargos de conspiración, lavado de dinero, crímenes financieros, fraude bancario y declaraciones falsas.

Ahora que Pence asistirá, debería ver la Cumbre como una oportunidad para  llamar a una mayor presión regional para el cambio del régimen de Venezuela, un país que se está al borde del colapso económico y político y que es abiertamente hostil a Estados Unidos. Pero si su objetivo es persuadir en los líderes regionales sobre Venezuela, entonces probablemente le esté predicando al coro equivocado.

Con pocas excepciones, los líderes de estado de las economías más poderosas de la región están o en camino a cumplir el tiempo en sus mandatos, careciendo de un fuerte mandato en la región, o involucrados en sus propios escándalos de corrupción. Por ejemplo, Michel Temer, el presidente sustituto de Brasil que llegó a la presidencia después de que la expresidenta Dilma Rousseff fuera destituida en 2016. Temer tiene índices de aprobación de un sólo dígito y está inmerso en el escándalo de corrupción de Lava Jato, el mismo escándalo que solo hace pocos días llevó a la cárcel al popular expresidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Entonces, ¿qué puede esperar Pence lograr en la Cumbre de las Américas?

Tal vez pueda mostrar su visión en las propuestas económicas y diplomáticas cada vez más agresivas de China en la región. No es un secreto el enfoque de China en impulsar los préstamos respaldados por materias primas para financiar grandes proyectos de infraestructura en toda América Latina está arrancando una página del mismo libro de jugadas que China usó con mucho éxito en toda África.

La recientemente publicada Estrategia de Seguridad Nacional publicada por la Casa Blanca acusa desvergonzadamente a China de intentar “llevar la región a su órbita a través de inversiones y préstamos liderados por el Estado".

Debido a que Trump se acobardó de enfrentar a los líderes de los países a los que ha ridiculizado desde que anunció su campaña política, le corresponde a Pence dar lo mejor de sí mismo.