Los desaparecidos en México: ¿quién responde por una generación perdida?

A Juan Manuel Alatorre Vega, de 28 años, lo vieron por última vez en Tamaulipas, México, el 26 de enero de 2015 en el municipio de Victoria. Gabriela Contreras, de 16 años, desapareció en algún lugar de Ixmiquilpan, Hidalgo, en el centro del país, el 12 de agosto de 2014. De Eber Arturo Castillo Díaz no se sabe cuándo fue la última vez que alguien lo vio, pero lo buscan desde 2014 en Veracruz, en el sur del país*.

Son sólo algunos de los cerca de 27.000 casos de desaparecidos consignados en el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED); una radiografía de una de las cruces más pesadas que lleva México sobre sus espaldas: el drama de una generación de hombres y mujeres de todas las edades que han desaparecido en la última década.

“El estado no nos ha respondido en absolutamente nada, se ha burlado. Hay una criminalidad y una complicidad muy grande del ‘narco gobierno’”, dice Mario César González, padre de César Manuel González Hernández, uno de los 43 estudiantes que desapareció de la escuela normal de Ayotzinapa el pasado 26 de septiembre de 2014.

Según González, hay una complicidad del Estado con la desaparición de los 43 porque las investigaciones no han podido demostrar la llamada “verdad histórica” del entonces procurador General de México, Jesús Murillo Karam, quien aseguró que los jóvenes fueron detenidos por policías corruptos —asociados con un grupo de narcotraficantes—, luego ejecutados, sus cuerpos incinerados en un basurero y los restos arrojados a un río.

“Mi hijo estaba recién llegado a Guerrero (hacía un mes) y ahora me lo convirtieron en narcotraficante. ¡Vergüenza debería darles! Ellos son el 'narcoestado'”.

En septiembre de 2015, un grupo de especialistas de la CIDH descartó la versión de Murillo Karam y hace pocos días un grupo de científicos argentinos constató que en efecto no existe evidencia científica que indique que los estudiantes fueron incinerados en el basurero de Cocula.

A pesar de las acusaciones que recaen sobre el gobierno mexicano en el tema de las desapariciones, el pasado mes de diciembre el Secretario de la Gobernación de México, Miguel Ángel Osorio Chong, dijo al término de una reunión con los padres de los estudiantes desaparecidos que pondría a disposición un grupo de investigadores para “alcanzar y lograr la verdad” en el caso de los desaparecidos.

“No hay ningún obstáculo, así se los he manifestado y así será, trabajaremos con ellos”, dijo Osorio Chong entonces.

El 22 de enero de 2016, el comisionado Nacional de Seguridad, Renato Sales Heredia, anunció la captura de tres personas relacionadas con el caso de Ayotzinapa.

Y más recientemente, en el caso de la desaparición de cinco jóvenes del municipio de Tierra Blanca, Veracruz, ocurrido el 11 de enero de 2016, las autoridades reiteraron la disposición de poner “todas las capacidades del Estado en el proceso de localización, a través del despliegue de la División de Gendarmería de la Policía Federal y el uso de todos los recursos tecnológicos disponibles” para dar con el paradero de las víctimas.

'No sabemos el tamaño del problema'

México es un país azotado por la violencia, el narcotráfico y la corrupción. El mismo papa Francisco en su reciente visita a México le dijo a los obispos que tenían una “responsabilidad ética” frente al narcotráfico que sacude al país.

Este país ocupa el puesto 95 de 168 en corrupción, con un puntaje de 35 sobre 100, según un informe de Transparencia Internacional.

De la mano de esa corrupción van las escandalosas cifras de desapariciones en México.

En 2011, el entonces presidente Felipe Calderón admitió que la magnitud del asunto era desconocida. “No sabemos el tamaño del problema”, según dijo en un discurso de apertura de las oficinas de una nueva Procuraduría encaminada a ayudar a las víctimas de este flagelo. En ese entonces la cifra de desaparecidos era de 4.120, según consta en los registros del RNPED.

Tamaulipas, Estado de México, Nuevo León, Jalisco y Sinaloa son los cinco estados donde más desaparecidos se han reportado.

Desde 2007, un año después de que Calderón empezara su guerra contra el narcotráfico, y hasta 2012 cuando salió del poder, se reportaron como desaparecidas más de 14.000 personas. Desde esa suerte de declaratoria de guerra se estima que al menos al menos 80.000 personas murieron en incidentes relacionados con el crimen organizado, según un informe del Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos de 2015.

El número, actualizado a octubre de 2015, asciende a cerca de 27.000 casos; de ellos, 139 son extranjeros. Y las estadísticas muestran que cada año el número aumenta exponencialmente.

Pero funcionarios oficiales creen que las cifras pueden ser mucho más altas ya que muchas desapariciones no son reportadas.

Una crisis ignorada

Un informe de Amnistía Internacional (AI) denuncia que en este país la impunidad es imperante en la mayoría de los casos, porque “no disuade a los responsables de seguir perpetrando desapariciones y secuestros, y por tanto pone a más personas en peligro”.

Para AI, en el país existe una “falta de voluntad política” para encontrar a los desaparecidos, tanto así que para la organización no bastó que el presidente Enrique Peña Nieto anunciara en 2014 nuevas medidas para abordar la crisis de inseguridad, luego de la desaparición de 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa.

Para la ONG, a pesar de estas medidas, la impunidad sigue siendo “alarmante”.

Por su parte, en el capítulo sobre México del más reciente reporte sobre derechos humanos de Human Rights Watch, esta organización aseguró que es habitual que “agentes del Ministerio Público y policías no adopten medidas básicas de investigación para identificar a los responsables, y a menudo indican a los familiares de las personas ausentes que deben investigar ellos mismos”.

Para HRW hay evidencias de que algunos hechos ocurridos desde 2007 son “desapariciones forzadas”. Es decir, que en los presuntos delitos habría participación de actores estatales.

“Estos delitos han sido cometidos por miembros de todas las fuerzas de seguridad que intervienen en operativos de seguridad pública, en ocasiones conjuntamente con la delincuencia organizada”, dice el reporte de HRW de 2016.

También asegura que la crisis de desaparecidos ha sido ignorada.

“En casi todos los casos las autoridades no adoptaron medidas oportunas ni exhaustivas para buscar a las víctimas ni investigar lo sucedido”, agrega HRW.

El gobierno de México no se pronunció sobre los informes de estas organizaciones.

No habrá olvido

Los familiares de los 43 de Ayotzinapa y de los otros desaparecidos anónimos no se dan por vencidos y siguen gritando para ser escuchados.

“Jamás se va a poder quedar en el olvido”, dice Mario González quien desde septiembre de 2014 se trasladó de Tlaxcala a Ayotzinapa, perdió su trabajo y su casa, todo para buscar a su hijo que en marzo cumpliría 22 años.

“Me tocaron donde más me duele por querer que mi hijo tenga un futuro diferente, por querer que mi hijo cuelgue el título en la pared. Ese fue mi gran error, mi gran delito. Querer que ellos tuvieran una educación y una mejor calidad de vida que la mía”, dice.

González afirma que tiene la certeza de que su hijo, y los otros 40 estudiantes, siguen vivos. Los restos óseos de dos de los normalistas — Jhosivani Guerrero de la Cruz y Alexander Mora— ya fueron identificados.

Un grito al vacío

Durante la visita del papa a México los rostros de las víctimas se tomaron las calles.

Los familiares de los estudiantes de Ayotzinapa alzaron pancartas con las fotos de sus seres queridos esperando que sus plegarias fueran atendidas por el gobierno, por el papa o mismo Dios.

Los pósters de la visita del papa Francisco a México fueron rayados con mensajes alusivos a los 43 de Ayotzinapa. (Crédito: CNNEE)

Los pósters de la visita del papa Francisco a México fueron rayados con mensajes alusivos a los 43 de Ayotzinapa. (Crédito: CNNEE)

Durante la misa en la Basílica de Guadalupe, el papa Francisco dedicó palabras a los padres, madres y abuelos "que han visto partir, perder o incluso arrebatarles criminalmente a sus hijos”.

El papa dijo que “las lágrimas de los que sufren no son estériles. Son una oración silenciosa que sube hasta el cielo”, hasta donde probablemente estén los desaparecidos.

Mientras tanto el misterio continúa y las listas de perdidos siguen engrosándose.

Miguel Ángel Mancera**, de 35 años, que fue visto por última vez en Veracruz el 11 de diciembre de 2013, seguirá siendo uno de los miles de desaparecidos que muchos siguen buscando, agotados por la falta de respuestas, pero sin desfallecer.

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*Los nombres de los desaparecidos de esta nota hacen parte de una base de datos de desaparecidos del RNPED.

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Aquellos que menos tienen, sueñan más

Nota del editor: Reyna Grande es autora de dos novelas y 'La distancia entre nosotros', un libro de memorias acerca de su vida antes y después de emigrar ilegalmente desde México. Grande recibió en 2007 el 'American Book Award' y fue finalista del 'National Book Critics Circle Award' en 2012. Grande vive en Los Ángeles con su esposo y sus dos hijos. Las opiniones expresadas en este comentario son suyas.

(CNN) – ¿Acaso es sorprendente que aquellos de nosotros que empezamos con lo mínimo soñemos con lo máximo?

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Jhosivani Guerrero de la Cruz: el guerrero oculto de Ayotzinapa

Nota del Editor: La historia de este normalista desparecido hace un año, es parte de las 43 que se narran en el libro Ayotzinapa. La travesía de las tortugas (Ediciones Proceso 2015), donde un grupo de periodistas, que forman parte del colectivo Marchando con Letras, salió en búsca de rescatar las historias de los estudiantes que fueron desaparecidos la noche del 26 de septiembre del 2014. Con autorización de la editorial, reproducimos este fragmento del libro.

(CNNMéxico) - La última vez que Jhosivani** vio a Doña Martina, su mamá, fue en su casa en Omeapa, el 19 de septiembre de 2014. Sentado a la mesa, por primera vez en su vida le pidió que le sirviera frijoles. “Le digo ‘¿Ora?’. Yo me admiré, le digo ‘¿frijoles? sí tengo pero sé que a ti no te gustan”, cuenta Martina. Una semana antes había comido tamales, que tampoco le gustaban.

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