OPINIÓN: Rafael Correa tiene un débil argumento para defender la reelección

Por Carlos Alberto Montaner

Nota del editor: Carlos Alberto Montaner es escritor y analista político de CNN. Sus columnas se publican en decenas de diarios de España, Estados Unidos y América Latina. Montaner es, además, vicepresidente de la Internacional Liberal. Su último libro es la novela "La mujer del coronel".

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, ahora apoya la reelección indefinida.

En mayo pasado dijo que se oponía y anunció que se retiraría al fin de su nuevo mandato, ganado recientemente con el 57% de los votos. Este periodo termina en el 2017.

Su argumento para cambiar de opinión es muy débil. Dice que si los alcaldes pueden reelegirse indefinidamente, ¿por qué no puede el presidente? Correa se refería al popular Jaime Nebot, alcalde de Guayaquil, que probablemente lo intentará por cuarta vez, aunque no es seguro.

Si hace pocas semanas Correa pensaba que no era conveniente la reelección presidencial indefinida, lo correcto no es cambiar la Constitución para poder quedarse en la presidencia por muchos años, sino cambiarla para prohibir que todos los funcionarios electos puedan reelegirse indefinidamente. Todos: el presidente, los legisladores, los alcaldes, los gobernadores.

El servicio público electivo no debe ser una carrera en la que unos buscan el poder y otros la gloria o la fortuna, sino un sacrificio temporal que se hace por el bienestar de la comunidad a la que se pertenece.

Las sociedades sanas no necesitan de funcionarios electos que se eternizan en sus puestos de trabajo, sino instituciones sólidas en las que las personas sean mucho menos importantes que los cargos que ocupan. Lo fundamental es que haya continuidad en la obra de gobierno, no en la figura de los gobernantes.

Se ha dicho antes, pero hay que repetirlo: un presidente es el capitán de un barco que toma el mando en medio del camino y lo abandona en medio del camino, porque no hay puerto de llegada.

Es un trayecto infinito, en el que lo esencial es que se mantenga el rumbo, no quién lo mantiene. Esa es la clave.

(Las opiniones expresadas en este artículo corresponden exclusivamente a Carlos Alberto Montaner)