OPINIÓN: Qué significa la crisis de rehenes para Japón

Por Ryo Hinata-Yamaguchi

Nota del editor: Ryo Hinata-Yamaguchi es un profesor invitado de la Universidad Nacional de Pusan y miembro adjunto del Pacific Forum CSIS. Las opiniones expresadas son exclusivamente las del autor.

(CNN) — La escena es como alguna tomada de una película de terror. El sábado, un conocido partidario del Estado Islámico de Iraq y Siria colocó un video en línea de uno de los dos rehenes japoneses sosteniendo lo que parece ser una fotografía de su compatriota decapitado. El video le sigue a uno publicado anteriormente, que mostraba a un militante amenazando con matar a los dos ciudadanos japoneses si no se pagaba un rescate de 200 millones de dólares en las siguienes 72 horas.

Son el tipo de imágenes con las que muchos japoneses esperaban no tener que lidiar. Después de todo, Japón se encuentra bloqueado actualmente por su "constitución pacífica" de entablar acciones militares ofensivas. Pero a pesar de esto, ISIS aparentemente ha decidido que Japón es un adversario.

Esto se debe en parte a que Japón es un estrecho aliado de Estados Unidos, uno que también tiene un firme interés en la estabilidad de Medio Oriente. Además, durante su reciente visita a Israel, Jordania y Egipto, el primer ministro Shinzo Abe prometió 200 millones de dólares en ayuda no militar a las naciones que deben lidiar con ISIS.

Pero cualquiera que sean las intenciones de ISIS, el papel no combatiente de Japón en los asuntos del mundo no le ha impedido que sea una víctima del terrorismo en la era después del 11 de septiembre. En 2003, por ejemplo, dos diplomáticos fueron asesinados en una emboscada terrorista en Iraq, y varios ciudadanos fueron tomados como rehenes en Iraq en 2004 y 2005. En 2012, un periodista veterano fue asesinado en Siria, mientras que en enero de 2013, nueve ciudadanos japoneses murieron en la crisis de los rehenes de Argelia.

Sin embargo, esta última crisis de rehenes ha llamado la atención de manera particular para muchos japoneses por dos razones. La primera y más obvia es el hecho de haber dado una notificación tan intensa —la enorme demanda de rescate con un ultimátum de 72 horas— seguida por las imágenes perturbadoras del sábado.

Pero esta toma de rehenes también ha provocado un interesante debate sobre la historia detrás del por qué el periodista Kenji Goto y el contratista militar autodenominado Haruna Yukawa estaban en Siria.

El público japonés obviamente esperaba el regreso seguro de sus dos conciudadanos, pero la mayoría no cree que el gobierno debe pagar el rescate. Y también hubo especial simpatía por Goto, quien no sólo es reconocido por su periodismo, sino al parecer fue capturado después de ir a la región para tratar de rescatar a Yukawa.

Pero también se han preguntado sobre por qué no se hizo nada antes cuando los dos habían estado desaparecidos desde hace meses, y también por qué estaban en una parte tan peligrosa del mundo para empezar. Muchos japoneses creen los dos tienen cierta responsabilidad al viajar a la región a pesar de las advertencias públicas por parte del gobierno japonés sobre los riesgos a los ciudadanos que viajan allí.

De cara al futuro, la toma de rehenes ha dejado a muchos preguntándose cuál será el impacto en los actuales esfuerzos de Japón para mejorar sus políticas y procesos de seguridad. La crisis será vista como lo que subraya el impacto de la inestabilidad de miles de kilómetros de sus costas, y por lo tanto la necesidad de Japón para adoptar una postura de seguridad más proactiva y acuciosa incluso más allá de Asia Oriental.

De manera más específica, uno de los 15 escenarios presentados por el gobierno japonés en su impulso hacia una postura de defensa más activa era permitir el uso de armas en misiones de rescate en el extranjero de ciudadanos japoneses. El desarrollo de este escenario específico refleja las lecciones de la crisis de Argelia en el 2013, y el hecho de que bajo las leyes actuales, sólo aviones, vehículos y embarcaciones están autorizados para transporte.

Si se introducen estos cambios, el gobierno japonés podría enviar su Fuerza de Autdefensa Japonesa para las operaciones de rescate armados (con la aprobación del país en cuestión).

Seguramente, dados los desafíos de seguridad que afronta Japón, tanto en Asia —a manera de problemas territoriales con China y con una impredecible Corea del Norte— y más allá, parece esencial que Japón agudice y refuerce su postura de defensa y juegue un papel más proactivo a nivel internacional.

Para hacer posible esto, Japón tendrá que realizar una serie de cosas.

Primero, el gobierno tendrá que aprender a ejecutar mejor su gestión de crisis mediante nuevos activos, como el recién formado Consejo de Seguridad Nacional.

Segundo, el gobierno tiene que ser más creativo en sus esfuerzos por mejorar sus capacidades de coordinación y de inteligencia internacionales —y en última instancia los recursos de defensa— para fortalecer su capacidad para seguridad.

Además, Japón necesita darle más prioridad a realinear sus fuerzas para afrontar los retos cambiantes que enfrenta. Y, por último, Tokio debe centrarse más en la promoción de una mayor conciencia de los grupos terroristas tales como ISIS, y la amenaza muy real y directa que podría representar para el país.

Lograr todo esto será un desafío y requerirá una inversión significativa a nivel político y de capital burocrático. Y mientras el partido del primer ministro Abe acaba de ganar una resonante victoria en una elección anticipada, Japón también está lidiando con una población de edad avanzada y una economía estancada, por lo que no está claro cuánto en términos de energía y recursos tendrá el gobierno para gastar en el cambio de orientación de la postura de seguridad del país.

Pero más que nada, el debate sobre la seguridad —y los eventos trágicos sobre la situación de los rehenes de esta semana— son un recordatorio de que Japón puede encontrarse cada vez más en la línea del fuego así como sus ciudadanos. Una política más asertiva expondrá a Japón a más conflicto y aumentará su exposición al terrorismo; esta no es poca cosa para un país bastante seguro que por décadas le había dado la espalda al conflicto militar.

De qué manera se ocupa el gobierno de este desafío —y de manera más inmediata, las secuelas de la tragedia de esta semana— formarán la dirección de la seguridad nacional de Japón, y su capacidad para proteger a los ciudadanos de este país.