FRENTE A LA COSTA DE YEMEN (CNN) - Estábamos a seis millas náuticas de Yemen, pero incluso desde ahí podíamos escuchar los ataques aéreos sauditas y distinguíamos sus luces mientras caían del cielo.

En este punto, habíamos estado en alta mar durante 20 horas, pasando cerca de la costa desde Djibouti, a través del estrecho de Manden. Ahora estábamos frente a la costa yemení.

Si nos alejábamos demasiado, nos dijeron que corríamos el riesgo de encontrarnos con el tráfico de los navíos internacionales que patrullan las aguas del golfo de Adén.

Pero si nos acercábamos demasiado a la orilla, corríamos el riesgo de un ataque saudí.

Cuando el camarógrafo Byron Blunt encendió su linterna para ver hacia la orilla, el capitán gritó "¡nada de luces!"

Le preocupa que de la impresión de que le estábamos haciendo señales a tierra. Apagamos las luces y nos subimos a nuestras literas improvisadas.

La mañana trae consigo nuevas inquietudes. Hemos disminuido nuestra velocidad para calcular nuestra entrada al puerto de Al Tawahi, un pequeño puerto a un lado del puerto principal de Adén. La información que teníamos era que se trataba de un puerto seguro de desembarque.

La radio a bordo empezó a sonar a las 6 a.m.; era la autoridad del puerto de Al Tawahi. Nos autorizaban el ingreso. Pero debíamos hacerlo lentamente. Cada 15 minutos, recibíamos nuevas actualizaciones. Adelante. No hay peligro aún – Inshallah. Finalmente, habíamos entrado.

Adén ha estado en el corazón de algunos de los enfrentamientos más violentos en el conflicto hasta la fecha, pero había sido difícil confirmar muchos de los informes que habíamos recibido. En realidad, no sabíamos qué esperar.

Una vez pasamos por las puertas que decían "bienvenidos a Adén", encontramos una situación de caos. Familias acampaban ahí con la esperanza de poder suplicarle a los barcos que los llevaran a un lugar seguro. Otras personas que tenían doble nacionalidad, con pasaportes británicos y estadounidenses, pensaban que éramos de sus embajadas.

Arabia Saudita empezó los ataques aéreos contra los rebeldes hutíes en Yemen hace tres semanas. Sin embargo, Adén sigue siendo una ciudad que no está del todo en las manos de los rebeldes hutíes, ni de las fuerzas que son fieles al gobierno derrocado.

En Adén, los médicos del hospital han dejado de tratar de contar a los muertos.

Un hombre mayor me tomó por la manga y cuidadosamente sacó su pasaporte británico de su cubierta de plástico. Era su más preciada posesión, dijo. ¿Sabrá el gobierno de su majestad, preguntó, que hay algunos de sus súbditos aquí?

Le dije que tan solo era un periodista.

Cuando conduces por la ciudad, ves señales de lo que Adén fue alguna vez. Toldos se mueven por el aire en las playas vacías y en Victoria Park, la estatua del mismo nombre custodia unos columpios de plástico de colores brillantes.

Mientras nos llevan al frente, nuestro escolta se detiene para enseñarnos al orgullo de la ciudad: el hotel donde afirman, se hospedó la reina Isabel cuando era joven.

Estaba cerrado. Los disparos de los francotiradores en la distancia nos recuerdan que debemos seguir avanzando.

Esta es una pelea callejera; los soldados, los niños pequeños y los hombres de edad avanzada de los vecindarios de Adén, se enfrentan a combatientes fuertemente armados. La alianza de los hutíes y las fuerzas fieles al expresidente Ali Abdullah Saleh funciona como algo más parecido a un ejército normal.

Los intentos saudíes de reabastecimiento han sido inciertos. El comandante local nos dice que incluso cuando efectivamente aterrizan en territorio controlado por los "Comités populares" —los fieles al gobierno— gran parte de esto es robado antes de que sus hombres si quiera puedan llegar ahí.

En días recientes —bajo la protección aérea saudí— ellos han tenido éxito en sacar a los hutíes de muchos de los distritos de Adén.

Y su lucha continúa.

Calle por calle, casa por casa. En medio de los proyectiles que caen, los disparos de francotiradores y los civiles desesperados.

Las misiones de asistencia logran abrirse camino para entregar suministros en Saná.