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China

¿Está la lucha de Hong Kong por la democracia en su ronda final?

Por Wilfred Chan

(CNN) — ¿Podría la lucha de Hong Kong por la democracia estar entrando a su fase final?

Seis meses después de las grandes protestas del movimiento “Occupy” que paralizaron las calles de la ciudad en otoño del año pasado, otro crucial enfrentamiento se está llevando a cabo en la que una vez fue una colonia británica. Todo se reduce a un proyecto de ley respaldado por Beijing que podría decidir el futuro de Hong Kong.

Los legisladores comienzan a debatir el proyecto de ley el miércoles. Si es aprobado, la ciudad podrá votar por sus propios líderes… siempre y cuando China apruebe a los candidatos. Si el proyecto no es aprobado, los residentes de Hong Kong podrían nunca ser capaces de votar para elegir a sus líderes.

Es una historia sorprendentemente compleja de una ciudad que lucha por la transición de un dominio colonial a un dominio chino.

¿Cómo llegamos hasta aquí y qué es lo que viene? Nuestra guía te pondrá al día.

Hong Kong, China… ¿cuál es la diferencia?

Hong Kong es una pequeña porción de tierra colonizada por los británicos en 1841 y devuelta al dominio chino en 1997. La mayoría de sus 7 millones de habitantes habla cantonés, mientras que la mayoría de las personas en China hablan mandarín.

Oficialmente, Hong Kong es una “región administrativa especial” de China, en virtud de un principio llamado “un país, dos sistemas”. En la práctica, esto significa que Hong Kong es un territorio chino, pero mantiene su propia moneda, gobierno y leyes: sitios web como Facebook y Twitter no han sido bloqueados aquí, sus habitantes pueden protestar y criticar al gobierno, y la prensa no está censurada por la ley.

Esta situación especial llegará a su fin en el año 2047.

Así que ¿cuál es el conflicto?

Es sobre un acuerdo que no ha sido cumplido.

Cuando Gran Bretaña devolvió a Hong Kong al dominio chino en 1997, los dos países acordaron que Hong Kong disfrutaría de un “alto grado de autonomía” durante 50 años y, finalmente, desarrollaría un sistema de elecciones basado en el sufragio universal. Pero nadie está de acuerdo en qué es lo que eso significa en realidad.

Muchos hongkoneses creen firmemente que la cuidad tiene el derecho a celebrar unas elecciones abiertas y libres, una interpretación a la que las autoridades locales, respaldadas por Beijing, se oponen incondicionalmente. Tras años de negociaciones, no se ha logrado llegar a un acuerdo.

El conflicto llegó a su punto álgido el otoño pasado cuando los hongkoneses en pro de la democracia organizaron grandes ocupaciones callejeras que paralizaron partes clave de la ciudad en un intento por presionar a las autoridades para que hicieran concesiones.

Ese movimiento, conocido como “Occupy Hong Kong” o la “Revolución de los Paraguas” contó con un apoyo popular entre la juventud de Hong Kong y fue noticia importante alrededor del mundo. Esto no importó: el gobierno se rehusó a cambiar de opinión, condenó las protestas y finalmente desalojó los sitios luego de 79 días.

¿Qué ha propuesto el gobierno chino?

Las autoridades chinas han propuesto lo que dicen, es una oferta justa y final: los hongkoneses podrán votar por su próximo líder, siempre y cuando los candidatos sean restringidos y aprobados por el gobierno chino.

Una encuesta continua de los hongkoneses demuestra que las opiniones sobre la propuesta están divididas… existe casi la misma cantidad de residentes que la apoyan y se oponen a ella.

Esta semana, el Consejo Legislativo de la ciudad votará sobre la propuesta: el proyecto de ley necesita dos tercios del respaldo de la cámara para convertirse en ley.

Sin embargo, solo un tercio de la cámara está controlado por políticos en pro de la democracia, y ellos han prometido vetar el proyecto de ley. No parece probable que el proyecto de ley del gobierno chino sea aprobado.

¿Qué sucede si el proyecto de ley no es aprobado?

Si el plan de Beijing es vetado, prevalecerá el sistema existente para elegir al líder de la ciudad. Es decir, él o ella será electo por un pequeño comité que está conformado por partidarios de Beijing.

Esta es la parte ominosa para los activistas en pro de la democracia de la ciudad: las autoridades centrales han advertido que esta podría ser la última oportunidad de Hong Kong para tener una “democracia”. Si esta propuesta es rechazada, entonces no habrá una nueva propuesta… posiblemente nunca la habrá, dicen.

Sin embargo, los activistas no lo creen. Ellos están decididos a luchar por un “sufragio universal real”, una elección en la que cualquier persona puede postularse y cualquier persona puede votar.

Ellos no han dado una explicación clara sobre cómo piensan lograrlo. Pero si el pasado sirve de guía, ellos seguirán probando una mezcla de negociaciones, campañas y desobediencia civil… una y otra vez.

¿Qué viene para el futuro de Hong Kong?

La lucha cada vez más intensa por la democracia ha creado una nueva era en el clima político de Hong Kong. Se ha abierto una brecha generacional entre los jóvenes, quienes tienden a apoyar las reformas democráticas, y la generación mayor, quienes relativamente favorecen más al establecimiento.

Mientras tanto, la cantidad de hongkoneses que se identifican como chinos ha disminuido. Algunos activistas fervientes en contra de la parte continental —conocidos como “localistas”— se han vuelto más francos desde el movimiento Occupy del otoño pasado. Una radical minoría de ellos llega hasta el punto de defender la idea de un Hong Kong independiente.

El lunes, los localistas se vieron bajo escrutinio luego de que la policía arrestara a 10 personas con presuntos vínculos con “grupos locales radicales” en una supuesta conspiración con bomba, aunque los activistas en pro de la democracia han cuestionado la validez de las acusaciones.

Mientras tanto, los ciudadanos comunes y corrientes están preocupados por los exorbitantes precios de los alquileres, la creciente desigualdad y la poca libertad de prensa que existe.

Sin embargo, los residentes están divididos respecto a qué tanto de estos problemas pueden ser atribuidos a la influencia de China.

Eso conduce a la gran pregunta de qué sucederá luego de 2047, cuando venza el estatus semiautónomo de Hong Kong.

¿Podrá Hong Kong mantener el control de sus propios asuntos? ¿Mantendrá su carácter local? ¿O se volverá indistinguible de otras ciudades chinas?

Los hongkoneses en pro de la democracia se muestran profundamente escépticos respecto a que el Partido Comunista Chino relajará su control. En cambio, la influencia autoritaria de China sobre la ciudad solo parece aumentar; desde su perspectiva, los días en los que Hong Kong puede disfrutar de sus derechos y libertades únicas están contados.