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El video viral de un ingenioso niño mexicano sobre las vacunas y el autismo

Por CNN Español

(CNN Español) — No hay edad para la ciencia. Así lo demostró Marco Arturo, un niño mexicano que no solo se expresa mejor en inglés que muchos angloparlantes, sino que habla con una fluidez y una locuacidad que muchos adultos envidiarían.

Y, por cierto, acaba de hacer un video viral que los youtubers quisieran lograr. No apeló a las Kardashian ni mucho menos: trató un tema de relevancia científica y con factores de consideración. La “premisa”:  las vacunas causan autismo. Es un debate que ha sido discutido durante años en la medicina y Marco Arturo lo abordó, a su manera y con contundencia, en menos de dos minutos.

Marco parte de las afirmaciones de quienes aseguran que hay una relación directa entre vacunar a los bebés y el autismo. Y dice que realizó un informe llamado “Evidencia de que las vacunas causan autismo”.

Al intentar presentar el presunto informe, muestra que solo hay páginas en blanco, porque, según dice él, “no hay evidencia para respaldar la afirmación de que las vacunas están relacionadas con el autismo de alguna forma”.

“De otra, es casi un axioma que las vacunas previenen que millones de niños mueran de enfermedades como polio y sarampión y meningitis y hepatitis, por solo mencionar unas, incluso la viruela. La viruela fue erradicada gracias a las vacunas”, agrega.

El niño dice que aunque es una decisión de los padres no vacunar a sus hijos, es una decisión que afecta a los demás niños del mundo que podrían contagiarse.

Y remata de la misma forma en que se despidió Kobe Bryant y del final del discurso de Barack Obama en la Cena de Corresponsales: con un Mic Drop.

El video, publicado el 24 de mayo, suma más de 3,8 millones de reproducciones y ha sido compartido más de 53.000 veces.

¿Tiene razón Marco Arturo?

Varios estudios publicados por revistas científicas con validación de pares muestran que sí tiene razón.

Un estudio de 2015 realizado a más de 95.000 niños indica que la vacuna para el sarampión, las paperas y la rubéola (SPR) no trae un mayor riesgo de autismo. Ese estudio publicado en abril del año pasado en Journal of the American Medical Association, es apenas una de las varias investigaciones que derrumban el mito que asocia esa vacuna con el autismo.

A través de una base de datos de reclamos de un amplio plan de salud comercial, los investigadores le pusieron particular atención a los niños que tenían hermanos mayores con autismo, o ASD, lo cual los coloca en un mayor riesgo genético de desarrollar autismo.

“Encontramos que no había un vínculo perjudicial entre recibir la vacuna SPR y el desarrollo de un trastorno del espectro autista”, dijo Anjali Jain, quien es pediatra en el Lewin Group, una firma de consultoría en el cuidado de la salud ubicada en Virginia, y quien trabajó en el estudio.

‘No hay evidencia’ de que exista un vínculo

El equipo de investigadores examinó los registros de 95.727 niños en una ventana de 11 años. Ellos estudiaron el riesgo de desarrollar autismo en el caso de los niños que recibieron la vacuna SPR en comparación con quienes no la recibieron.

En el caso de los niños cuyos hermanos mayores habían sido diagnosticados con autismo, los autores del estudio dijeron que “no encontraron evidencia en relación a que recibir una o dos dosis de la vacuna SPR estuviera vinculado con un mayor riesgo de desarrollar un trastorno del espectro autista”.

El trabajo fue financiado por el Instituto Nacional de Salud Mental, los Institutos Nacionales de Salud y el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos.

‘La creencia persiste’

A medida que docenas de casos de sarampión empezaron a surgir en Estados Unidos en meses recientes, nuevamente se presentaron temores infundados respecto a la existencia de un vínculo entre las vacunas y el autismo.

“Aunque muchas investigaciones sugieren que no existe un vínculo entre la vacuna SPR y el trastorno del espectro autista, esas creencias aún persisten”, dijo Jain.

El estudio encontró que los niños que tenían un hermano mayor con autismo tenían menos probabilidades de ser vacunados.

“Sus índices de vacunación eran de más o menos 10% menos en comparación con los niños que no tenían hermanos afectados”, dijo Jain.

El mito recurrente acerca de que existe una relación entre las vacunas y el autismo, propagado por un pequeño pero vocal grupo de activistas antivacunas, surgió a partir de un estudio de 1998 que ha sido desacreditado, el cual fue publicado en una revista británica por un médico que más tarde fue despojado de su licencia.

“Como comunidad científica, no estamos seguros de qué es lo que ocasiona el autismo, pero no son las vacunas”, dijo el mes pasado el Dr. Sanjay Gupta, de CNN.

¿De dónde salió el mito? 

Este fue un mito que surgió de un estudio ahora desacreditado, que fue publicado en The Lancet, una revista médica británica, en la que el médico Andrew Wakefield vinculaba al autismo con las vacunas infantiles.

El estudio de 1998 fue adoptado por padres de niños con autismo, quienes señalaban que las tasas de autismo aumentaban mientras la ocurrencia del sarampión, paperas y rubeola disminuían drásticamente. El movimiento antivacunas ganó seguidores cuando la actriz Jenny McCarthy y otras celebridades se unieron a la causa.

Los investigadores criticaron a Wakefield, pero el artículo asustó a muchos padres y llevó a una disminución en la cantidad de niños que reciben la vacuna que previene el sarampión, paperas y rubeola en Reino Unido y una disminución más pequeña en Estados Unidos.

La mayoría de los coautores de Wakefield retiraron sus nombres del estudio en 2004 después de enterarse de que le había pagado un bufete de abogados que tenía la intención de demandar a fabricantes de vacunas.

El mismo año, el Instituto de Medicina de Estados Unidos revisó evidencia de este país, Dinamarca, Suecia y Reino Unido y no encontró conexión entre las vacunas y el autismo.

Alrededor de 2010, otra revista médica británica concluyó que el estudio de Wakefield falsificó o alteró los historiales médicos de todos los 12 pacientes cuyos casos formaron la base de su estudio.

The Lancet se retractó del artículo de Wakefield en 2010. Perdió su licencia médica.

Con información de Jethro Mullen, Ben Brumfield y Nadia Kounang, CNN