Nota del editor: Jorge Gómez Barata es columnista, periodista, exfuncionario del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y ex vicepresidente de la Agencia de noticias Prensa Latina. Vive en Cuba. Las opiniones expresadas en esta columna le pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN Español) - Cuando se empecina en construir muros, imponer sanciones económicas, y acentuar bloqueos, Donald Trump merece ser confrontado. En cambio, cuando por las razones que sea, como ocurre respecto a Corea del Norte, se aviene a dialogar y construir puentes, merece, como mínimo, el beneficio de la duda. Lo mismo ocurre con Kim Jong Un. La oposición de oficio, fundada en prejuicios ideológicos o antipatías, no parece ser un buen argumento.

El 12 de junio en Singapur, o en otra fecha y lugar, todo indica que viviremos para disfrutar la Cumbre EE.UU. – Corea del Norte. Tal vez, al asomarse al umbral de una confrontación nuclear, Trump y Kim quedaron espantados cuando imaginaron el desastre y la ruina de las superpobladas ciudades asiáticas, y las magníficas urbes del oeste de los EE.UU. y como en 1962, durante la Crisis de los Misiles en Cuba hicieron Kennedy y Kruzchov, dieron muestras de valor y lucidez no porque avanzaron, sino porque fueron capaces de frenar y dar un paso atrás.

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La voluntad política de los líderes de EE.UU. y Corea del Norte, respaldados por Xi Jinping y Moon Jae In, presidentes de China y Corea del Sur respectivamente, sugiere que finalmente acudirán a Singapur, una magnífica sede para un histórico encuentro.

Seguramente Donald Trump viajará en el impresionante Air Force One, en una travesía de unos 13.000 kilómetros sobre el océano Pacifico, mientras que Kim Jong Un pudiera utilizar el pintoresco “Tren Verde”, para lo cual, a la velocidad del pesado convoy, demoraría unos cuatro días en vencer los 5.000 kilómetros de distancia, transitando por vías férreas de Corea, China, Vietnam, Laos, Tailandia, y el propio Singapur.

Aunque añade color, el medio como se transporten y las escalas que realicen carecen de significado, porque lo trascendental es el encuentro y lo que allí se acuerde que, debido a la complejidad de los asuntos incluidos en la agenda, difícilmente se agoten en una o dos jornadas.

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La sorpresiva y efusiva segunda reunión entre Kim Jong Un y Moon Jae In efectuada en territorios de Corea del Norte a menos de un mes de su primer encuentro el pasado 27 de abril, e inmediatamente después de que Trump anunciará la suspensión de la cumbre en Singapur, evidencia la inusual disposición de ambos líderes para la búsqueda de acuerdos que pongan fin a la crisis de la península.

En cualquier caso, en ningún momento anterior hubo mejor disposición de todos los actores políticos para negociar acuerdos sobre los temas con potencial para provocar enfrentamientos entre los dos Coreas y entre Corea del Norte y EE.UU.. Trump, Kim y Moon lo saben. A ellos se ha sumado el presidente chino Xi Jinping. En Singapur la mesa está servida.