Nota del editor: Frida Ghitis, columnista de asuntos internacionales, fue corresponsal y productora de CNN. Colabora frecuentemente con CNN, The Washington Post y World Politics Review. Síguela en Twitter como @FridaGhitis. Los comentarios expresados en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

(CNN) - Donald Trump y Vladimir Putin se reunirán en julio. ¿Qué podría salir mal? Si la historia reciente nos sirve de guía, no nos faltan razones para preocuparnos.

Rusia se apresuró a anunciar la cumbre antes de que se afinaran los detalles, lo que tal vez revela el entusiasmo del Kremlin. Después de todo, el presidente de Rusia Vladimir Putin es quien más podría ganar con la polémica reunión. Los mayores perdedores, dependiendo de cómo actúe el presidente de EE.UU. Donald Trump durante julio en el escenario mundial, podrían ser los principales aliados y la seguridad de Estados Unidos.

Desde los primeros días de su campaña presidencial, Trump mostró sin tapujos que admira al hombre fuerte de Rusia. Ya en el cargo ha demostrado una terca reticencia a reconocer que el gobierno de Putin interfirió en las elecciones de 2016, seguida de sus esfuerzos por minimizar las fechorías de Rusia.

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Todo eso se ha sumado a las burlas y críticas constantes del mandatario hacia los mejores aliados de Estados Unidos. Esta política exterior de halagar a tus enemigos y patear a tus amigos podría llegar a su punto más dramático en las próximas semanas, ya que Trump no se reunirá solo con Putin, sino también con los aliados de EE.UU. en la cumbre de la OTAN en Bruselas y en su visita a Londres.

Tal vez Trump nos sorprenda, pero lo que el mundo ha visto hasta ahora explica por qué hay tanto recelo entre los aliados de Estados Unidos y tanto gozo en Moscú. Todo indica que el presidente tratará a sus aliados con desdén y que bañará en halagos a Putin, pese a que el mismísimo jefe de los servicios de inteligencia de Trump declaró que los rusos no solo interfirieron en las elecciones pasadas, sino que también siguen atacando la democracia estadounidense. Pese a todo, los riesgos van más allá de lo simbólico.

Donald Trump y Vladimir Putin se reunirán en julio.

El itinerario nos recuerda las reuniones que Trump sostuvo en junio pasado y que dejaron a los mejores amigos de Estados Unidos cerca de la desesperación. Recordarás que Trump asistió a la cumbre del G7 en Canadá. Y, antes de partir, declaró que Rusia debería volver a incorporarse al exclusivo grupo de democracias del que fue expulsado por la anexión ilegal de Crimea.

Aunque Putin tenía mucho para celebrar, los amigos de EE.UU. quedaron alarmados con el comportamiento de Trump. Después, el mandatario estadounidense viajó a Singapur para reunirse con el líder de Corea del Norte, Kim Jong Un. No solo halagó exageradamente a uno de los dictadores más brutales del mundo, sino que además hizo concesiones concretas que no ha sido recíprocas.

La idea de que Trump se reúna con Putin abre la puerta a toda una gama de posibilidades preocupantes. Claro, Trump bien podría sorprendernos a todos. Podría opinar clara y abiertamente en contra de que Putin tome el territorio de otro país y de su interferencia en las elecciones de otra nación.

También podría mostrar un frente unido con los aliados de la OTAN y declarar categóricamente que Estados Unidos sigue comprometido con la defensa mutua, así como que se compromete a que su país y el organismo mantengan un escudo protector sobre Europa del Este, que teme a las políticas expansionistas de Rusia.

Si la cumbre de la OTAN muestra una alianza unida, situación que nunca estuvo en duda antes de que Trump asumiera la presidencia, habrá sido un éxito. Pero parece poco probable.

Trump no ha cedido en su discurso anti-OTAN. En uno de sus pronunciamientos más extraños, a finales de junio, volvió a quejarse de lo mucho que la alianza le cuesta a Estados Unidos.

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El paralelismo con Corea del Norte es ineludible. Tras reunirse con Kim, Trump anunció que cancelaría los ejercicios militares con Corea del Sur bajo el argumento de que así ahorraría mucho dinero, incluso cuando a los estrategas militares les preocupaba que fuera una concesión enorme a Pyongyang.

De hecho, Polonia teme que le haga un regalo parecido a Putin. Anna Maria Anders, senadora y secretaria de Estado de Polonia, señaló que los polacos temen que Putin "conquiste" a Trump con sus encantos. "Sobre todo —dijo— no queremos que retire a las fuerzas estadounidenses de suelo polaco". El miedo es palpable. "Estamos rezando para que esto no pase".

Es difícil no notar el nerviosismo profundo de Europa. El exvicepresidente de Estados Unidos Joe Biden aseguró que varios líderes europeos le han dicho que la conducta extraña y ofensiva de Trump los tiene confundidos. "Hay una ansiedad abrumadora", indicó Biden, a lo que agregó que es "la crisis transatlántica más grave en 70 años" con consecuencias desastrosas para EE.UU.

Eso no puede ser más que música para los oídos de Putin. Desde su perspectiva de Rusia contra Occidente, una alianza occidental debilitada significa que Moscú esté más fuerte.

Entonces ¿qué quiere Putin de Trump? Trump ya cumplió uno de sus principales objetivos en su agenda. La angustia y la incertidumbre de los aliados de Estados Unidos respecto a la próxima reunión es un triunfo estratégico enorme para Moscú.

Pero más allá de la reunión en sí —que es un triunfo para Putin—, Rusia tiene una larga lista de deseos. Sin duda, entre ellos está el levantamiento de las sanciones que Estados Unidos y sus aliados impusieron en respuesta a la anexión de Crimea. Por su parte, Estados Unidos impuso más sanciones por la interferencia rusa en sus elecciones presidenciales y por los abusos a los derechos humanos.