(CNN) - Brett Kavanaugh parecía menos un juez de la Corte Suprema y más un candidato político ordinario cuya campaña parece estar patinando sumida en un escándalo mientras lucha para mantener su esperanza de llegar al alto cargo.

Con su esposa al lado, Kavanaugh tomó el control de su propia defensa contra las acusaciones de conducta sexual inapropiada que están amenazando con abrumar sus esperanzas de unirse a la corte.

“No voy a ningún lugar”, le dijo Kavanaugh a Fox News en una entrevista este lunes en la noche.

Brett Kavanaugh

La aparición conjunta de los Kavanaughs fue un momento sorprendente, sin precedentes en la historia del proceso de confirmación de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos, y podría terminar registrando un nuevo hito en la politización de la institución a la que él espera unirse.

Al ofrecer la entrevista, Kavanaugh dejó de lado la reticencia que normalmente se espera de un miembro senior de la rama judicial, con el fin de luchar en las trincheras políticas.

Él abogó por un “proceso justo” en un momento potencialmente crucial para la nominación, que podría cambiar el camino de la jurisprudencia estadounidense y darles a los conservadores una mayoría largamente soñada en la corte.

Una gran entrevista en televisión ha sido desde hace mucho tiempo un arma en el arsenal político de un consultor. Y Kavanaugh aprendió de algunos de los mejores como uno de los hombres del presidente en la Casa Blanca de George W. Bush.

Este lunes en la noche, él hizo lo que los candidatos políticos hacen cuando están en problemas. Se arriesgó en una jugada audaz para restablecer una narrativa dañina que amenaza su viabilidad.

También estaba recibiendo primero su retaliación, ya que su acusadora original, Christine Blasey Ford, testificará contra él en una audiencia ante la Comisión Jurídica del Senado este jueves, y será crítica para sus posibilidades de llegar a la Corte.

Entendiendo que la percepción lo es todo en la política, Kavanaugh también estaba enviando un mensaje a Washington, a las bases del presidente Donald Trump que ven Fox News, y cualquier republicano que esté vacilando y que se puedan preguntar si vale la pena luchar por él.

Al elegir la cadena favorita del presidente, era poco probable que lograra cambiar la opinión de alguien en la izquierda. Pero al jugar en la intersección de la política y el entretenimiento, algo que ha sido una marca de este gobierno, Kavanaugh envió una señal de terca resolución al propio Trump.

En la entrevista, Kavanaugh estuvo calmado y fue coherente, a pesar de la naturaleza vergonzante de las acusaciones, aunque carecía de la certera seguridad de los políticos que generalmente utilizan las entrevistas de televisión como una tarjeta para salir de la cárcel y parecen emocionalmente exprimidos.

Él esquivó algunas de las preguntas más difíciles —por ejemplo, sobre si debía haber una investigación sobre el pasado— y los demócratas serán mucho más duros con él, al cuestionar su integridad y profesarán reverencia por la verdad este jueves.

Pero el mensaje está claro: este es un hombre con ganas de luchar, que se rehusa a ser destruido por el ataque de la máquina liberal. Y él quería que todo el mundo pensara que no hay sangre en el agua.

“Quiero un proceso justo donde pueda defender mi integridad. Sé que estoy diciendo la verdad. Conozco el actuar de toda mi vida. No voy a dejar que falsas acusaciones me saquen de este proceso”, dijo Kavanaugh. “Tengo fe en Dios y tengo fe en la justicia del pueblo estadounidense”.

El presidente pareció aprobarlo, usando su cuenta de Twitter para promover la entrevista antes de tiempo, entre reuniones y otros líderes en las Naciones Unidas.

“Esta es una familia excepcional que debe ser tratada con justicia”, tuiteó Trump.

Y aunque el juez posó como una víctima, este enfoque puede estar en riesgo en la era del #MeToo y podría alienar algunas mujeres votantes en un momento en que el Partido Republicano está luchando contra lo que podría convertirse en una brecha histórica de género.Y tampoco podría salir bien en un momento en el que la sociedad le está dando más deferencia a las mujeres que salen a hacer acusaciones largamente reprimidas contra los poderosos.