Nota del Editor: Nic Robertson es el editor diplomático internacional de CNN. Las opiniones en este artículo son propias del autor.

(CNN) - Mientras la actitud beligerante que el presidente Trump adoptó con Jim Acosta de CNN salpicaba las páginas de los principales periódicos del mundo y el tono estridente con el que el mandatario se refirió a una gran cantidad de temas todavía reverberaba, el silencio de los aliados europeos de Trump con respecto a la tensa conferencia de prensa del miércoles resulta ensordecedor.

Muchos de los aliados de Trump se reunieron con él en París el pasado fin de semana para conmemorar el centenario del fin de la Primera Guerra Mundial, conocida como la guerra que pondría fin a todas las guerras.

Trump llegó a esta conmemoración de la paz después de exacerbar la hostilidad en casa, después de amenazar a sus adversarios con derribarlos si no se ajustan a sus deseos.

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No solo arremetió contra la prensa, a la que acusó nuevamente de divulgar noticias falsas, sino que advirtió a los demócratas –que acaban de ganar la mayoría en la Cámara de Representantes– que, si intentan usar sus nuevos poderes para investigarlo, él también los investigará.

Esta fue la salva de apertura de la política trumpista de “toma todo”. Así se prepara el hombre más poderoso del mundo para los dos años que le quedan en el cargo. Ese fue el tema de la portada del Times aquí en Londres.

La portada muestra a Trump señalando con el dedo a Jim Acosta, el corresponsal principal de CNN en la Casa Blanca, mientras que mi amigo y colega le hace una pregunta y una asistente de la Casa Blanca intenta quitarle el micrófono.

Donald Trump, cuando maltrató a Jim Acosta, periodista de CNN.

Poco después de la conferencia de prensa, la Casa Blanca revocó la acreditación de Acosta. CNN defendió enérgicamente a Acosta y, en un sentido más amplio, la Primera Enmienda y el rol del periodismo en una democracia.

La respuesta de la Casa Blanca fue acusar falsamente a Acosta de haber hecho algo incorrecto.

El mensaje que Europa recibe es claro: pasadas las elecciones intermedias, Trump está a la ofensiva, retomando sus antiguos rencores y asumiendo una postura aún más agresiva.

Todavía no está claro si los líderes europeos y de otras regiones reunidos en París, que han visto el precipitado alejamiento de Trump de los principios democráticos que ellos consideran sacrosantos, le harán frente a esta actitud hostil.

Aun cuando quisieran reunirse con Trump a nivel privado o de cualquier otra manera, será difícil porque él planea ignorar el Foro de Paz de tres días para el que el presidente de Francia Emmanuel Macron convocó a los cerca de 70 líderes que participarán previamente en la conmemoración del armisticio.

Sin embargo, aunque el silencio en París resulta ensordecedor, eso no significa que no esté siendo juzgado.

En las últimas semanas, los funcionarios británicos criticaron a Trump por su agresiva postura contra los periodistas.

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La vocera de la primera ministra Theresa May pareció reprender a Trump después de los comentarios que el presidente de EE.UU. hiciera en una acto de campaña en los que se burló de un periodista que trabaja para The Guardian que fue empujado por un miembro del Congreso.

La vocera dijo: "Él [Trump] obviamente hizo comentarios en un acto de campaña y habla a título personal. Pero, en términos generales, diríamos que siempre cualquier tipo de violencia o de intimidación contra un periodista es completamente inaceptable".

Hace poco, a fines de septiembre, May estuvo promoviendo la libertad de prensa en Gran Bretaña. En una reunión de gabinete en la que se consideraban cambios legislativos que podrían afectar esas libertades, dijo que: "era importante para el Gobierno oponerse a las enmiendas que pudieran socavar nuestra libertad de prensa".

Sin embargo, en su trato con Trump, en particular cuando se reunieron este verano en el Reino Unido después de que Trump la insultara en el tabloide nacional The Sun, su discreción británica pudo haber hecho que Trump asumiera que ella desprecia a los periodistas tanto como él.

En una conferencia de prensa conjunta en julio, Trump dijo: "Y ella es totalmente profesional, porque cuando la vi esta mañana y le dije "no me voy a disculpar porque he dicho cosas muy buenas de usted", ella dijo: "No se preocupe; es tan solo la prensa. Eso me pareció muy profesional".

Para May y los demás líderes que asistirán esta semana a la conmemoración, los dramas capitalinos de Trump no serán el tema principal de conversación. Sin embargo, al margen, sus aliados murmurarán sobre él, sobre las elecciones intermedias y sobre el significado de todo esto.

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El miércoles temprano, el ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Heiko Maas, dijo a través de Twitter que "es una idea equivocada apostar ahora a que Donald Trump corrija su curso".

El ministro alemán, sin embargo, insinuó un cambio de curso por parte de Alemania: "EE.UU. sigue siendo nuestro aliado más importante fuera de Europa. Para mantener esta alianza, tenemos que recalibrar y realinear nuestra relación con EE.UU."

Quizá uno de los indicadores más esclarecedores del desagrado que genera Trump en Europa provendrá de un raro fenómeno de cooperación de organizaciones a ambos lados del canal.

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Los activistas británicos anti-Trump le prestan a sus homólogos franceses las armas más poderosas de su arsenal contra Trump: el dirigible de Trump bebé que se hiciera famoso este año en el Reino Unido durante la visita estival del presidente de EE.UU.

El gigantesco dirigible que representa al presidentes como un bebé pañales acompañó las protestas contra Trump y luego fue instalado frente de la embajada de Estados Unidos en Londres. El domingo, un grupo autodenominado Trump Means War (Trump quiere guerra) planea elevar el dirigible lo más cerca posible de la sombría conmemoración en el Arco de Triunfo en el centro de París.

Ellos quieren que el presidente de Francia Emmanuel Macron rinda cuentas por invitar a Trump, a quien culpan por "la escalada en la guerra contra el terrorismo". Dicen que él es responsable de "la muerte de millones".

Este escenario contrasta con la pompa y el ambiente ceremonial del que disfrutó Trump durante su visita anterior a París, cuando se deleitó con la compañía del presidente de Francia durante el desfile militar y las otras celebraciones del Día de la Bastilla, el 14 de julio del año pasado.

Macron y otros dirigentes mundiales han aprendido a ajustar la escala con la que miden a Trump. Los resultados de las elecciones intermedias indican que tendrán que seguir recalibrando.

 

"El mensaje recibido por Europa es claro: pasadas las elecciones intermedias, Trump está a la ofensiva, retomando sus antiguos rencores y asumiendo una nueva postura más agresiva"

Nic Robertson