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Coronavirus

Coronavirus

Las mujeres que lideran varios países están haciendo un trabajo desproporcionadamente excelente para manejar la pandemia de coronavirus. Entonces, ¿por qué no hay más de ellas?

Por Leta Hong Fincher

Nota del editor: Este es una opinión escrita por Leta Hong Fincher, autora de «Traicionar al Gran Hermano: El despertar feminista en China» y «Mujeres sobrantes: el resurgimiento de la desigualdad de género en China». Las opiniones en esta columna pertenecen únicamente a la autora. Mira más opinión en CNNE.com/opinion.

(CNN) — En Taiwán, las medidas de intervención temprana han controlado la pandemia de coronavirus con tanto éxito que ahora está exportando millones de mascarillas para ayudar a la Unión Europea y otros países.

Alemania ha supervisado el programa de pruebas de coronavirus a mayor escala en Europa, realizando 350.000 pruebas cada semana, detectando el virus lo suficientemente temprano como para aislar y tratar a los pacientes de manera efectiva.

En Nueva Zelandia, la primera ministra tomó medidas tempranas para detener el turismo e imponer un cierre de un mes en todo el país, limitando los fallecimientos por covid-19 a solo nueve.

Los tres lugares han recibido elogios por su impresionante manejo de la pandemia de coronavirus. Están dispersos por todo el mundo: uno está en el corazón de Europa; otro, en Asia, y el último forma parte del Pacífico Sur.

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Pero tienen una cosa en común: todos estos países están dirigidos por mujeres.

El éxito de estos y otros gobiernos liderados por mujeres para hacer frente a una pandemia mundial es aún más notable, dado que las mujeres representan menos del 7% de los líderes mundiales.

Acción temprana y decisiva

Tanto esos países como la isla de Gobierno autónomo, todas democracias multipartidistas con altos niveles de confianza pública en sus gobiernos, han contenido la pandemia a través de una intervención científica temprana. Han implementado pruebas generalizadas, fácil acceso a tratamiento médico de calidad, rastreo agresivo de contactos y restricciones estrictas de las reuniones sociales.

Por ejemplo Taiwán: una democracia de casi 24 millones de personas, con aproximadamente la misma población que Australia, frente a la costa este de China. Taiwán es reclamado por Beijing como su territorio e ignorado por la Organización Mundial de la Salud, por lo que debería haber sido muy vulnerable a una epidemia originada en China continental.

Pero cuando la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, escuchó sobre un misterioso virus nuevo que infectaba a los ciudadanos de Wuhan, en diciembre del año pasado, inmediatamente ordenó que se inspeccionaran todos los aviones que llegaban desde Wuhan.

Luego estableció un centro de mando epidémico, aumentó la producción de equipos de protección personal, como mascarillas, y restringió todos los vuelos desde China continental, Hong Kong y Macao.

Las medidas de intervención temprana y agresiva de Taiwán han limitado el brote a solo 393 contagios confirmados y seis muertes. El Departamento de Estado de Estados Unidos cita el éxito de Taiwán sobre el coronavirus al pedir que se le otorgue a la isla la condición de observador en la Asamblea Mundial de la Salud de la OMS.

La canciller alemana, Angela Merkel, llega para una conferencia de prensa sobre las medidas del Gobierno alemán para evitar una mayor propagación del nuevo coronavirus, el 9 de abril de 2020, en Berlín. (MARKUS SCHREIBER/POOL/AFP via Getty Images)

Alemania, con 83 millones de ciudadanos, ha tenido más de 132.000 contagios, pero muy pocas muertes por millón, muy por debajo de la mayoría de los otros países europeos. La canciller Angela Merkel, que tiene un doctorado en Química Cuántica, ha visto elevarse sus índices de aprobación debido a su manejo capaz de la pandemia. Alemania tiene las camas de cuidados intensivos y el programa de pruebas de coronavirus a mayor escala en Europa.

«Quizás nuestra mayor fortaleza en Alemania … es la toma racional de decisiones al más alto nivel del Gobierno combinada con la confianza que el Gobierno disfruta entre la población», le dijo Hans-Georg Kräusslich, jefe de Virología en el Hospital Universitario de Heidelberg, a The New York Times.

Nueva Zelandia es un país insular de casi cinco millones, que depende en gran medida del turismo.

La primera ministra de Nueva Zelandia, Jacinta Ardern, en una conferencia de prensa, el 9 de abril de 2020, en Wellington, Nueva Zelandia. (Hagen Hopkins/Getty Images)

Pero la primera ministra Jacinda Ardern cerró las fronteras de Nueva Zelandia a los visitantes extranjeros, el 19 de marzo, y anunció un cierre de cuatro semanas del país, el 23 de marzo, exigiendo que todos los trabajadores no esenciales permanecieran en sus hogares, excepto para hacer compras o hacer ejercicio cerca.

El país realizó pruebas generalizadas y ha registrado más de 1.300 casos de coronavirus, pero solo nueve muertes. Nueva Zelandia está a la mitad de su encierro, y Ardern ha dicho que no terminará pronto.

«Ante la mayor amenaza para la salud humana que hemos visto en más de un siglo, los kiwis [como se les dice coloquialmente a los neozelandeses] han implementado silenciosa y colectivamente un muro de defensa en todo el país», dijo Ardern en un discurso ante la nación, el jueves.

Los países nórdicos

Cuatro de los cinco países nórdicos están liderados por mujeres. Cada uno de sus países tiene tasas de mortalidad más bajas por coronavirus en comparación con el resto de Europa. Por ejemplo, la primera ministra de Finlandia, Sanna Marin, de 34 años, es la líder más joven del mundo, pero tiene un índice de aprobación del 85% entre los finlandeses por su preparación para la pandemia, con solo 59 muertes en una población de 5,5 millones.

La primera ministra de Finlandia, Sanna Marin, lleva a cabo una conferencia de prensa para dar a conocer nuevas medidas para limitar la propagación del nuevo coronavirus, en Helsinki, Finlandia, el 16 de marzo de 2020. (Crédito: ANTTI AIMO-KOIVISTO/Lehtikuva/AFP via Getty Images)

La primera ministra de Islandia, Katrín Jakobsdóttir, gobierna un pequeño país insular de solo 360.000 personas. Pero sus pruebas aleatorias a gran escala del coronavirus podrían tener amplias ramificaciones para el resto del mundo, ya que descubrió que alrededor de la mitad de todas las personas que dan positivo para el virus son asintomáticas. Islandia también intervino tempranamente, rastreando agresivamente el contacto y poniendo en cuarentena casos sospechosos de covid-19.

La primera ministra de Islandia, Katrín Jakobsdóttir, en una conferencia de prensa conjunta con sus homólogos de Lichtenstein y Noruega, el 3 de febrero de 2020, en Oslo. (Crédito: OLE BERG-RUSTEN/NTB Scanpix/AFP via Getty Images)

Contrasta estas respuestas intervencionistas con Suecia —el único país nórdico no dirigido por una mujer— donde el primer ministro, Stefan Löfven, se negó a imponer una orden de confinamiento y mantuvo abiertas las escuelas y las empresas. Allí, la tasa de mortalidad se ha disparado más que en la mayoría de los demás países europeos. Actualmente Suecia registra casi 11.500 casos de coronavirus y poco más de mil muertes.

Otras jefas de estado también han aparecido en los titulares por su dura respuesta a la pandemia. La primera ministra de San Martín, Silveria Jacobs, gobierna una pequeña isla caribeña de solo 41.000 habitantes, pero el práctico video, en el que les dice a los ciudadanos que «simplemente dejen de moverse» durante dos semanas, se ha vuelto viral en todo el mundo.

«Si no tienes el tipo de pan que te gusta en casa, come galletas. Si no tienes pan, come cereal. Come avena», dice enfáticamente.

«Hombres incompetentes y negadores de la ciencia»

Por supuesto, el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, ha recibido merecidamente elogios por aplastar la curva de infecciones en su país a través de pruebas generalizadas. Pero muchos países liderados por hombres incompetentes y negadores de la ciencia han provocado brotes catastróficos de coronavirus.

El epicentro de la pandemia es ahora Estados Unidos, donde el presidente Donald Trump acusó inicialmente al Partido Demócrata de politizar el virus como un «engaño» y no prestó atención a las advertencias múltiples de los principales científicos durante meses.

Eso ayudó a provocar la emergencia actual de más de 25.000 muertes por coronavirus y medio millón de casos, que continúan aumentando cada día.

  • Mira en este video: Así ha cambiado Trump su postura sobre el coronavirus

De manera similar, el primer ministro de Gran Bretaña, Boris Johnson, desestimó la gravedad de la crisis de salud pública y se negó a implementar restricciones en las reuniones sociales mucho después de que otros países europeos se cerraran. Antes de ser hospitalizado por covid-19, les dijo a los periodistas que el virus no le impediría estrechar la mano de los pacientes de un hospital.

Y el coronavirus no se habría extendido por todo el mundo tan rápidamente si el presidente de China, Xi Jinping, no hubiera permitido que cinco millones de personas dejaran Wuhan antes de que se cerrara.

¿Se necesitan más mujeres?

Es demasiado pronto para decir definitivamente qué líderes surgirán como si hubieran tomado suficientes pasos para controlar la propagación de la pandemia de coronavirus y salvar vidas. Pero los ejemplos anteriores muestran que un número desproporcionadamente grande de líderes que actuaron temprana y decisivamente eran mujeres.

Sin embargo, el 1 de enero de 2020, solo 10 de los 152 jefes de estado elegidos eran mujeres, según la Unión Interparlamentaria y las Naciones Unidas, y los hombres constituían el 75% de los parlamentarios, el 73% de los encargados de la toma de decisiones gerenciales y el 76% de las personas en los principales medios de comunicación.

«Hemos creado un mundo donde las mujeres son exprimidas en solo el 25%, una cuarta parte del espacio, tanto en las salas de toma de decisiones físicas como en las historias que contamos sobre nuestras vidas. Una cuarta parte no es suficiente», dijo la directora ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka.

Ya es hora de que reconozcamos que el mundo necesita urgentemente más mujeres líderes e igual representación de mujeres en todos los niveles de la política.

Por lo menos, el número desproporcionado de mujeres líderes que logran controlar esta pandemia, hasta ahora, debería mostrarnos que la igualdad de género es fundamental para la salud pública mundial y la seguridad internacional.