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Análisis

ANÁLISIS: Líderes militares condenan a Trump por su respuesta a las protestas

Por análisis de Stephen Collinson

(CNN) — El presidente Donald Trump se enfrenta a una revuelta sin precedentes del cuerpo de élite de exlíderes militares y presidentes por su descarada respuesta a las protestas masivas y la inflamación de las divisiones raciales.

En lo que fue una verdadera bomba en Washington el miércoles por la noche, el exsecretario de Defensa James Mattis, un guerrero venerado por sus soldados, dijo a los estadounidenses que deben unirse sin el presidente.

«Donald Trump es el primer presidente en mi vida que no trata de unir al pueblo estadounidense, ni siquiera pretende intentarlo», dijo Mattis, quien ha guardado silencio desde su renuncia en 2018.

Donald Trump y James Mattis.

«En cambio, trata de dividirnos. Estamos presenciando las consecuencias de tres años de este esfuerzo deliberado. Estamos presenciando las consecuencias de tres años sin un liderazgo maduro», dijo el general retirado en un comunicado, criticando a Trump por amenazar con desplegar soldados en servicio activo para calmar los disturbios, en una flagrante amenaza a la estabilidad política de Estados Unidos.

La declaración será un duro golpe para Trump, quien aunque posteriormente se volvió en contra de su exsecretario de Defensa, idolatra a los generales y amaba referirse a Mattis como «Mad Dog» (Perro Loco).

LEE: La feroz crítica del exsecretario de Defensa Mattis contra Trump: «Estamos presenciando las consecuencias de tres años sin un liderazgo maduro»

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Es particularmente extraordinario ya que parece implicar que una orden de Trump de desplegar soldados en activo contra los manifestantes sería una violación de su juramento constitucional. Y dado que los antiguos altos mandos militares siguen siendo muy leales a sus camaradas y se mantienen conectados al Pentágono, uno de los centros de poder más políticos, el frente abierto por Mattis provocará especulaciones sobre si está comunicando los pensamientos de altos oficiales en servicio que no pueden hablar abiertamente.

La reacción inicial de Trump fue desacreditar a Mattis, quien desempeñó funciones de combate en dos guerras en Iraq y en Afganistán, pero que el presidente describió en Twitter como «el general más sobrevalorado del mundo».

Pero señaló que «su fuerza principal no era militar, sino las relaciones públicas personales. Le di una nueva vida, cosas que hacer y batallas por ganar, pero rara vez tenía éxito. No me gustaba su estilo de ‘liderazgo’ o mucho más sobre él, y muchos otros están de acuerdo. ¡Me alegro de que se haya ido!».

También el miércoles por la noche, el general retirado John Allen, excomandante de las fuerzas estadounidenses en Afganistán, tomó su turno para atacar la respuesta de Trump en un comentario publicado por Foreign Policy.

«No fue suficiente que los manifestantes pacíficos hubieran sido privados de sus derechos de primera enmienda; esta sesión de fotos buscó legitimar ese abuso con una capa de religión», escribió Allen.

Se refería a la orden dada el lunes a las fuerzas de seguridad federales para retirar a los manifestantes de Lafayette Square antes de que el presidente saliera de la Casa Blanca para pararse frente a la Iglesia de Saint John’s y sostener una biblia en alto.

Allen termina esperando que todo esto conduzca a un Estados Unidos más iluminado.

Pero, señala, «tendrá que venir desde abajo. Porque en la Casa Blanca no hay nadie».

Los estallidos de Allen y Mattis, quien es mucho más cerebral de lo que su apodo puede implicar, intensificó un frente cada vez más amplio contra Trump por parte de las élites del poder establecido en Washington fuera de los congresistas del Partido Republicano. Esto llega después de que Jimmy Carter completara la lista de expresidentes vivos que han abordado el vacío de liderazgo dejado por Trump mientras la nación experimenta protestas masivas a raíz de la muerte de George Floyd, una pandemia que ha matado a 107.000 estadounidenses y una consecuente crisis económica.

Otras figuras militares y políticas de alto rango, incluido el expresidente del Estado Mayor Conjunto Mike Mullen, también se sintieron obligados a hablar, ya que perciben los valores estadounidenses centrales amenazados por un comandante en jefe desencadenado.

Ningún presidente de la era moderna se ha enfrentado a tal oprobio de sus predecesores o de los hombres que se han ganado el respeto público en el fragor de la batalla y prestaron servicios a presidentes de ambos partidos.

La presidencia de Trump ahora se acerca cada vez más a una crisis existencial, cinco meses antes de enfrentar el juicio de los votantes después de una campaña que amenaza con desgarrar las heridas sociales y raciales como nunca antes durante su turbulento mandato.

Pero Trump, quien hizo una carrera política al atacar al poder establecido e incendiar las normas presidenciales, no muestra signos de retroceder. El miércoles arremetió contra «saqueadores», «matones» y «terroristas» que, según él, están detrás de los disturbios en todo el país. En tanto, sus ayudantes idearon una propaganda cada vez más indignante para justificar su comportamiento, comparando su truco divisivo en la iglesia de Washington con Winston Churchill en la Segunda Guerra Mundial y el presidente George W. Bush después de los ataques del 11 de septiembre.

Trump ahora está furioso con el actual secretario de defensa, Mark Esper, quien habló en contra de la amenaza del presidente de invocar la Ley de Insurrección de 1807 para desplegar soldados en servicio activo dentro de Estados Unidos.

LEE: Mark Esper, secretario de Defensa de EE.UU., se distancia de Trump por querer usar soldados para sofocar las protestas en EE.UU.

El jefe del Pentágono está parado sobre el delgado hielo político, mientras los facilitadores conservadores de Trump en los medios de comunicación lo critican. Un aliado, el senador republicano Tom Cotton de Arkansas, exigió una «demostración abrumadora de fuerza» en un artículo de opinión ene el diario The New York Times en desafío a los líderes locales «delirantes».

El miércoles trajo otro torbellino confuso de imágenes tenebrosas con soldados en uniforme de combate en las calles de Washington y más saqueos en Nueva York, aunque la mayoría de las protestas en todo el país fueron cada vez más pacíficas. También hubo actos inspiradores cuando la policía del Capitolio se arrodilló ante los manifestantes y surgieron historias de algunos estadounidenses blancos que percibían por primera vez el prejuicio experimentado por sus compatriotas negros.

Hay una sensación palpable de que el país se encuentra en un momento clave en su viaje racial después de la muerte de Floyd la semana pasada con la rodilla de un policía en el cuello, la última señal de brutalidad hacia los negros que ha conmocionado a todas las razas.

También hubo un destello de la política de la esperanza, ya que el expresidente Barack Obama dio a entender que la respuesta a los tumultuosos eventos de los últimos días no era la «dominación» ordenada por Trump sino una nueva motivación para convertir las protestas en un cambio político significativo. Obama también descartó la idea de que Estados Unidos se haya sumido en la miseria de una pesadilla racial y política al estilo de 1968, y señaló que las multitudes multiétnicas de manifestantes que atestaban las calles de Estados Unidos eran en sí mismas una señal de progreso dinámico.

«Para aquellos que han estado hablando de las protestas, solo recuerden, este país fue fundado en las protestas. Se le conoce como la Revolución Estadounidense», dijo Obama en una llamada de Zoom con su organización juvenil, en una aparente referencia indirecta a Trump.

LEE: Obama: «Déjenme marchar con los manifestantes, quiero ser parte de la solución»

«Y cada paso de progreso en este país, cada expansión de la libertad, cada expresión de nuestros ideales más profundos, se ha ganado a través de esfuerzos que hicieron que el status quo estuviera incómodo. Y todos deberíamos estar agradecidos por las personas que están dispuestas, en un ambiente pacífico y de forma disciplinada, a estar ahí afuera haciendo la diferencia», agregó.

«Enojado y horrorizado»

Mattis, un soldado estadista respetado a través de las líneas políticas que es un héroe para los hombres que lideró en Iraq y en otros lugares, había prometido mantenerse fuera de la política al retirarse. Pero su mensaje dejó en claro que ya no podía guardar silencio después de ver una serie de incidentes que, según dijo, lo habían dejado «enojado y horrorizado».

«No debemos distraernos por un pequeño número de infractores de la ley. Las protestas están definidas por decenas de miles de personas de conciencia que insisten en que estemos a la altura de nuestros valores, nuestros valores como personas y nuestros valores como nación», escribió Mattis.

«Cuando me uní al ejército, hace unos 50 años, hice un juramento para apoyar y defender la Constitución.

«Nunca soñé con que los soldados que hicieron ese mismo juramento recibirían la orden de violar los derechos constitucionales de sus conciudadanos, mucho menos para permitir una extraña sesión de fotos para el comandante en jefe electo, con el liderazgo militar al lado».

«Militarizar nuestra respuesta, como vimos en Washington, establece un conflicto –un falso conflicto– entre la sociedad militar y civil. Erosiona el fundamento moral que garantiza un vínculo de confianza entre hombres y mujeres en uniforme y la sociedad a la que han jurado proteger, y de la cual ellos mismos son parte», escribió Mattis.

En otro pasaje explosivo, Mattis recordó las instrucciones enviadas a los soldados estadounidenses antes de irrumpir en las playas de Normandía en 1944, implicando que el presidente tiene más en común con los enemigos mortales de Estados Unidos que con las tradiciones de la democracia estadounidense.

«El lema nazi para destruirnos … fue ‘Divide y vencerás’. Nuestra respuesta estadounidense es ‘En la Unión está la fuerza’. Debemos convocar esa unidad para superar esta crisis, confiando en que somos mejores que nuestra política», escribió.

El exsecretario de defensa también criticó implícitamente a Esper, quien se refirió a las ciudades de Estados Unidos como» espacio de batalla», un término del que dice que ahora se arrepiente.

¿Está Esper en problemas?

El mensaje de Mattis apareció en otro día extraordinario en el que se supo que Esper podría estar con tiempo prestado después de una conferencia de prensa en la que dijo que los soldados en servicio deberían usarse como agentes de la ley solo como un último recurso.

«No estamos en una de esas situaciones ahora», dijo Esper a periodistas. «No apoyo invocar la Ley de Insurrección».

Sus comentarios enfurecieron a la Casa Blanca, donde varias fuentes dijeron que ya había frustrado a Trump.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, dijo que «hasta ahora, el secretario Esper sigue siendo el secretario Esper» en una muestra de no respaldo al secretario de Sefensa.

Si Esper paga su disidencia con su empleo, se convertirá en el último funcionario de alto rango en EE. UU. al que le ocurre eso por priorizar sus deberes respecto al estado de derecho o su percepción del interés nacional de EE. UU. Trump exige lealtad total, a pesar de sus frecuentes asaltos al poder que amenazan las barandillas constitucionales de su oficina. Es por eso que hombres como Mattis y el exsecretario de Estado Rex Tillerson ya no están en el gabinete –y que el secretario de Justicia William Barr y el secretario de Estado Mike Pompeo aún estén al servicio del presidente.

Carter dijo el miércoles que «el silencio puede ser tan letal como la violencia» y pidió a los estadounidenses en posiciones de «poder, privilegio y conciencia moral» que luchen contra la discriminación racial, en su primera reacción pública a los disturbios que rodearon el asesinato policial de Floyd.

Los expresidentes Bush y Bill Clinton habían emitido previamente declaraciones pidiendo a los estadounidenses que reflexionaran sobre las cicatrices raciales del país y se comprometieran a construir una nueva sociedad.

Trump continuó el miércoles retratando las protestas en todo el país luego de la muerte de Floyd como un levantamiento de radicales, mientras impulsa su duro tema electoral de «la ley y el orden».

El presidente tuiteó que si la gente mirara la cobertura de los medios pensaría que «asesinos, terroristas, incendiarios, anarquistas, matones, saqueadores, ANTIFA y otros, serían las personas más bonitas y amables del mundo entero. No, ellos son lo que son, ¡muy malos para nuestro país!».

Pero la declaración más importante del día provino de un exgeneral que podría tener la mayor capacidad que cualquier élite de Washington para socavar a Trump frente el ejército que está a sus órdenes.