Washington (CNN)– Estados Unidos se enfrenta a una decisión trascendental: ¿creerle al presidente Donald Trump o al exdirector del FBI James Comey?

El enfrentamiento teatral se está asomando y los protagonistas son un mandatario que tiene una difusa relación con la verdad y el exjefe del FBI que fue despedido y cuyo sentido finamente afinado de su propia integridad lo ha puesto frecuentemente en aguas políticas turbulentas.

La épica carrera empezó tras las impactantes acusaciones según las cuales en febrero Trump presionó a Comey para que cerrara la investigación del FBI sobre la intromisión rusa en las elecciones presidenciales que, junto a otros temas, estaba indagando por los contactos del exasesor de seguridad nacional Michael Flynn con funcionarios rusos.

Además, en un sensacional desarrollo, fuentes le aseguraron a The New York Times y después a CNN en la noche de este martes que Comey había escrito en un memorando con la petición de Trump sobre la investigación de Rusia, algo que está a punto de convertirse en uno de los artefactos más famosos de Washington.

La próxima confrontación entre Comey y Trump es algo más que una oportunidad para sacar a la luz agravios que parecen haber aumentado rápidamente entre los dos hombres durante su corta relación de trabajo, así como por el humillante despido del director del FBI, noticia de la que el exfuncionario se enteró por televisión apenas hace una semana.

También promete tener implicaciones serias para el futuro de un gobierno que parece estarse zambullendo profundamente en un desorden absoluto en este momento. Al parecer no hay una manera de que ambos hombres puedan sobrevivir a la pelea con su reputación intacta.

Pruebas convincentes

Comey es el tipo de adversario que ninguna Casa Blanca disfrutaría. Si las afirmaciones en su memorando son correctas, proporcionarían la evidencia más convincente hasta ahora de que el intento de Trump por cerrar la investigación podría ser una obstrucción a la justicia, un hecho que pondría en peligro su presidencia.

"Parece que estaba tratando de impedir la investigación", sostuvo el analista político de CNN David Gergen. "Estaba usando su poder para hacer eso, y cuando James Comey no estuvo de acuerdo con él, cuando no fue su 'chico', lo despidió".

Gergen sugirió que la situación era tan grave tras las revelaciones de este martes, que Estados Unidos podría estar en la cúspide de un nuevo drama de juicio político.

La Casa Blanca ha desestimado la versión de Comey sobre los acontecimientos revelados en el memorando que le fue descrito a CNN.

"Aunque el presidente ha expresado repetidamente su opinión de que el general Flynn es un hombre decente que sirvió y protegió a nuestro país, el presidente nunca le pidió al señor Comey ni a otra persona que pusiera fin a ninguna investigación, incluyendo cualquiera que involucrara al general Flynn", aseguró un funcionario de la Casa Blanca en un comunicado.

La perspectiva de una nueva confrontación con Comey estaría causando también que Trump se cuestione fuertemente a sí mismo, tras despedir repentinamente al exdirector la semana pasada y luego de admitir en televisión que lo hizo porque estaba frustrado por la investigación sobre Rusia, que él calificó como un desperdicio del dinero de los contribuyentes.

Teniendo en cuenta las apuestas, ahora parece seguro que Comey será llamado a testificar ante el Congreso sobre lo relativo al memorando. Probablemnte será presionado para narrar exactamente lo que Trump le dijo durante su reunión en la Oficina Oval el 14 de febrero y que ahora es el centro del huracán político. Comey también se enfrentaría al escrutinio sobre el por qué decidió mantener un registro de sus conversaciones con el presidente que luego se filtró, en un momento de máxima vergüenza para la Casa Blanca.

"Tengo lista mi pluma para firmar una citación"

El Congreso Republicano no ha estado precisamente poniendo a Trump en la hoguera durante los primeros meses de su gobierno. Pero eso puede estar cambiando.

El representante Jason Chaffetz, presidente republicano de la Comisión de Supervisión de la Cámara, pidió  al FBI que presente "todos los memorandos, notas, resúmenes y grabaciones que se refieran o remitan a cualquier comunicación entre Comey y el presidente". "Tengo lista mi pluma para firmar una citación", publicó Chaffetz este martes en su cuenta de Twitter.

Otros legisladores, comprendiendo el giro profundamente serio que tomó esta crisis de Trump desde el martes, también están pidiendo que la revelación sea completa.

El senador republicano Lindsey Graham, de Carolina del Sur, aseguró que Comey debería ser llamado ante la Comisión Judicial del Senado, de la que el legislador hace parte.

"Está bien, bueno, él tiene que venir y decirnos por qué", sostuvo Graham. "No vamos a juzgar a nadie por un pedazo de papel", añadió.

Hasta ahora, en lo que lleva el gobierno de Trump, los líderes republicanos más importantes –el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, y el líder de la mayoría en el Senado, Mitch McConnell– han tratado de mantener el foco de sus tropas en implementar una agenda conservadora antes que responsabilizar a un presidente impredecible.

Pero el gobernador republicano de Ohio, John Kasich, aseveró este martes en un debate en CNN que hay que hacer cambios. "Vi que el presidente (Paul) Ryan dijo algunas cosas esta noche acerca de llegar al fondo de esto", dijo Kasich. "Francamente, creo que él debería ser más agresivo, creo que debería hablar más y espero que lo haga".

Un portavoz de Ryan emitió un comunicado la noche de este martes, en el que se lee: "Necesitamos saber todos los hechos, y es apropiado que la Comisión de Supervisión de la Cámara solicite este memorando".

¿Una audiencia de Comey?

Una audiencia de Comey se convertiría automáticamente en una de las apariciones más importantes en el Congreso de los tiempos modernos.

La práctica y analítica toma de notas de un exdirector del FBI que sabe cómo dejar un rastro de papel equivaldría a una evidencia convincente en la corte de la opinión pública y enfrentaría la palabra de Comey contra la de Trump.

Después de todo, un memorando de Comey podría acercarse a tener el significado de la "prueba del delito" si parece demostrar que el presidente podría ser acusado de obstruir la justicia, lo que potencialmente es un motivo de destitución.

Una comparecencia de Comey ante una audiencia televisada de alto impacto marcaría otra dimensión extraordinaria en una carrera en la que el exjefe del FBI se ha visto envuelto en el centro de los emocionantes episodios del drama de Beltway.

Hace 10 años, Comey, entonces secretario de Justicia en funciones, acudió a un hospital de Washington para frustrar un intento del asesor de la Casa Blanca en ese momento, Alberto Gonzales, y del secretario de la sede presidencial estadounidense, Andy Card, de contactar a un entonces seriamente enfermo secretario de Justicia John Ashcroft para que volviera a autorizar un programa de vigilancia.

Esa intervención lo convirtió en una especie de héroe para los demócratas, pero ellos  mismos llegaron a despreciar a Comey por su papel de protagonista en un drama posterior, la investigación sobre el servidor privado de correo electrónico de Hillary Clinton.

La campaña de Clinton culpa a Comey por su derrota en noviembre pasado. El exfuncionario investigó a finales de la campaña electoral nuevos correos electrónicos que se encontraron en la computadora portátil de Anthony Weiner, esposo de Huma Abedin, asistente de la candidata demócrata.

Trump alabó a Comey por su conducta, pero pronto llegó a enfrentarse con él en su propio gobierno, cuando el director del FBI se negó a ofrecerle un voto de lealtad. Los informes de este martes, según los cuales el presidente trató de conseguir que dejara de lado la investigación sobre Flynn, sólo harían más espesa la trama.

Las desventuras políticas de Comey pueden darle a los republicanos la oportunidad de cuestionar sus motivos en caso de que testifique, y el Partido Republicano está con ánimos de defender a su presidente, cuyas travesuras en los últimos días han puesto a prueba la paciencia de sus partidarios.

Falsedades, exageraciones y mentiras descaradas

Pero también es posible que dada la historia de repetidas falsedades, exageraciones y mentiras del gobierno Trump –sobre temas que van desde el tamaño de la multitud en la toma de posesión hasta las afirmaciones de que el Barack Obama intervino las líneas telefónicas en la Torre Trump– el presidente quizás no sea un testigo particularmente creíble para el tribunal de la opinión pública.

Y no hay garantía de que la Casa Blanca pueda rectificar su versión de los hechos. En los últimos días, Trump repetidamente contradijo a su propio equipo de prensa mientras trabajan para desactivar múltiples tormentas de fuego en Washington.

En el momento en que Comey dé su testimonio ante el Congreso y Trump se dirija desde su púlpito a sus seguidores, ambos hombres, en efecto, estarían luchando por la victoria en la corte de la opinión pública.

Comey, en el mismo acto de tomar notas sobre sus conversaciones con Trump, parece haber indicado que al menos consideraba al presidente como un personaje problemático que podría enredarlo en futuras controversias.

Trump ya ha dejado en claro su profunda antipatía por Comey. Después de despedirlo, el mandatario le dijo a NBC News que el director del FBI era un "exhibicionista" y un "tribunero" a quien había estado planeando despedir durante meses.

Esas impresiones poco halagadoras no serán mejoradas si Trump, el propio showman, sintoniza la televisión para ver cómo Comey protagoniza una audiencia que mantenga al resto del país en ascuas.

Pero el resultado de su duelo público puede dictar el destino de la presidencia de Trump. Si los aliados de Trump no pintan a Comey como una figura desacreditada, podría hacerle un profundo daño político al presidente.

Era inmediatamente perceptible a raíz de las revelaciones de este martes que los republicanos en el Capitolio eran más reticentes acerca de mostrar un fuerte apoyo al presidente de lo que habían sido en ocasiones anteriores.

Una condenatoria actuación de Comey podría añadir aún más a sus dudas y dejar a Trump en un profundo peligro político si sus supuestos pasos en falso persuadieran incluso a un Congreso republicano de considerar darle rienda suelta a los procedimientos de destitución.