(CNN) – La rareza del centro para niños inmigrantes más grande de Estados Unidos, cerca a la frontera con México, está en los detalles.

Aquí se encuentran 1.469 niños entre los 10 y 17 años: viven en el cascarón de 23.225 metros cuadrados que alguna vez fue una tienda de Walmart. Ninguna de las 313 habitaciones tiene puertas… O techos, para que los niños que yacen en sus camas miren hacia arriba, donde las paredes terminan en los andamios del hipermercado a lo alto.

Los cientos de niños cuidadosamente alineados para recibir su cena de pollo asado o de sándwich pasan al lado de murales de presidentes estadounidenses, incluido uno de Donald Trump con una curiosa cita de él en español y en inglés: “A veces, al perder una batalla encuentras una nueva forma de ganar la guerra”.

Las fotografías del interior del refugio Casa Padre pertenecen a folletos del Departamento de Salud y Servicios Humanos.

Este miércoles, tras una polémica por rechazar al senador demócrata Jeff Merkley cuando intentó visitar las instalaciones el pasado 3 de junio, la Oficina de Reasentamiento de Refugiados (ORR, por sus siglas en inglés), perteneciente al gobierno de Estados Unidos, abrió las puertas del refugio Casa Padre en Brownsville, Texas, para una visita muy controlada de los medios de comunicación .

Merkley buscaba revisar las condiciones bajos las cuales los niños del refugio –que cruzaron a Estados Unidos sin acompañante o fueron separados de sus padres en la frontera– se encuentran detenidos. El senador vinculó sus preocupaciones a las nuevas políticas fronterizas de “cero tolerancia” anunciadas el mes pasado por el secretario de Justicia, Jeff Sessions, y en las que se ordenó llevar a juicio a todos los que crucen ilegalmente la frontera y quitarles la custodia de los menores que se encuentren con ellos.

Solo en las dos semanas siguientes al anuncio de Sessions, 658 niños atravesaron la frontera con sus familias y fueron detenidos presuntamente por la ORR, según el testimonio de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) ante la Comisión Judicial del Senado el pasado 23 de mayo. En abril, el Departamento de Salud y Servicios Humanos le indicó al diario The New York Times que cerca del mismo número de menores, “aproximadamente 700”, fueron separados de sus familias en la frontera durante los seis mess anteriores.

Con ese aumento y hasta este miércoles, el portavoz de la ORR Brian Marriott dijo que la entidad mantenía en su custodia a 11.351 niños en más de 100 refugios ubicados en 17 estados.

Un niño recibe una comida en el albergue Casa Padre, en Brownsville, Texas.

En el albergue Casa Padre, que abrió sus puertas el año pasado, el incremento en las cifras ha sido palpable. En marzo pasado, la organización sin ánimo de lucro Southwest Key Programs –que también opera otros 26 refugios en Texas, Arizona y California– tenía una capacidad para 1.186 niños, según un documento de licencia publicado en el refugio. Pero recientemente, a medida que los niños fueron ingresando al sistema, la organización debió conseguir una variación de los reguladores de Texas para aumentar temporalmente su capacidad a 1.497. En menos de un mes, la población promedio del refugio ha aumentado en casi 300, señaló Martín Hinojosa, director de cumplimiento de Southwest Key Programs.

Y ahora el refugio está de nuevo casi al tope de su capacidad. Se han apretujado cinco camas tipo catres en dormitorios construidos originalmente para cuatro.

Un mural en el refugio.

Juan Sánchez, fundador y presidente de Southwest Key Programs, se negó a discutir la política de “cero tolerancia”.

“Nuestro objetivo es reunir a estos niños con sus familias tan pronto como sea posible”, les dijo a los periodistas este miércoles. También indicó que más del 70% de los 5.129 niños ubicados en los refugios de Southwest Key Programs se encontraban sin acompañante, por lo que no fueron separados de sus padres en la frontera. Sin embargo, admitió que el número de niños apartados de sus familias sí va en aumento.

El refugio Casa Padre en Brownsville se encuentra en las instalaciones de una antigua tienda de Walmart.

Los periodistas autorizados para visitar el refugio Casa Padre debieron aceptar condiciones previas, incluyendo que no estaba permitido el acceso a cámaras, teléfonos ni dispositivos de grabación. Las autoridades también se negaron a aceptar entrevistas con niños o empleados del refugio.

El refugio masivo conserva un ambiente de almacén: ruidoso pero muy organizado, con decenas de empleados que llevan grupos de niños a diversas actividades. En las salas de recreación, algunos niños vieron un partido de fútbol en televisión, otros participaron en una clase de tai chi, otros jugaron pool o foosball. Y otros se sentaron en salones de clases. Debido a la cantidad que hay en el refugio, los menores asisten a la escuela en turnos de seis horas por la mañana o por la tarde, cinco días a la semana. Los mostradores de las habitaciones que se exhibieron parecían antisépticamente limpios.

Se han apretujado cinco camas tipo catres en dormitorios construidos originalmente para cuatro.

La mayoría de niños son centroamericanos o mexicanos, detalló Hinojosa. El año pasado, el 95% de todos los menores detenidos en la frontera y transferidos a la custodia de la ORR provenían de Honduras, El Salvador y Guatemala, según datos de la CBP. Los niños y las familias de esos países huyen de la pobreza extrema, la violencia de pandillas y algunas de las tasas de homicidios nacionales más altas en el mundo.

A pesar de que cuentan una variedad de actividades programadas para mantenerlos ocupados, los niños están casi todo su tiempo en el interior del refugio, aparte de una hora al día en el exterior para educación física y otra hora de tiempo libre que pueden pasar en las canchas de básquetbol o en los campos de fútbol adyacentes al antiguo supermercado. Muchos de los menores miraron a los visitantes con evidente curiosidad, saludando a los periodistas con un “Hola” o “Buenas tardes” cuando pasaron al lado.

Hay varios puestos de teléfonos en el refugio. Hinojosa explicó que allí los niños pueden llamar a sus familias y que Southwest Key Programs –como parte del proceso de admisión– trabaja en encontrar cómo comunicarse con miembros de la familia. El funcionario reconoció que los padres detenidos en las instalaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) pueden no tener acceso telefónico ni ser localizables, pero aclaró que “la mayoría de los niños separados tienen otra familia a la que pueden llamar”.

Un mural del presidente Donald Trump en el refugio.

Alexia Rodríguez, vicepresidenta y asesora legal de Southwest Key Programs, afirmó que en cooperación con la ORR “se está estableciendo un sistema” para conectar a los niños separados con sus padres. Sin embargo, no pudo proporcionar más detalles este miércoles.

Los niños en el refugio Casa Padre permanecen allí durante un promedio de 49 días antes de ser ubicados con un patrocinador –que generalmente es un familiar–, de reencontrarse con sus padres o de ser deportados, indicó Sánchez, presidente de Southwest Key. El promedio de todos los refugios de la ORR es de 56 días y está aumentando.

Del aumento total en los niños alojados en Casa Padre, todavía no es claro cuánto se debe a la nueva política de separación familiar. Entre octubre y mayo, la Patrulla Fronteriza detuvo a 32.372 menores no acompañados, aproximadamente 1.300 más que el año anterior. Mientras tanto, los arrestos de “unidades familiares” –como la agencia llama a los niños que viajan con sus padres– disminuyeron a 59.113, casi 2.000 menos que un año antes.

Algunas toallas cuelgan en una pared del refugio, donde actualmente se alojan más de 1.400 niños indocumentados.

Estas cifras no incluyen a las familias ni a los niños que se presentaron en un puerto de entrada legal y solicitaron asilo. Y algunas de esas familias dicen que a sus hijos también se los llevaron.

Southwest Key Programs, que ha operado refugios para niños inmigrantes desde 1997, ha recibido más de 807 millones de dólares en subvenciones federales durante los últimos tres años fiscales por servicios para niños inmigrantes. Actualmente alberga a 5.129 niños, casi la mitad del total en el sistema de refugios.

Los niños se entretienen en el refugio. Permanecen el interior todo el día, salvo por dos horas que pueden hacer ejercicio.

Sánchez, quien también aparece en un gran mural en Casa Padre, se negó a discutir si las nuevas y severas políticas fronterizas están beneficiando o perjudicando a Southwest Key.

Cuando se le preguntó sobre los informes de que el Departamento de Salud está considerando aliviar la crisis en la capacidad de los refugios usando bases militares como Fort Bliss, cerca de El Paso, y otras para albergar temporalmente a 1.000 niños o más, Sánchez aseguró: “no vamos a hacer tiendas de campaña”.

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