(CNN) – Esta madre corrió hacia su pequeño hijo en el instante en que él apareció por la entrada de llegadas. En la sala de espera de la puerta C14 del Aeropuerto Internacional de Baltimore-Washington, ella lo envolvió en una manta, acunó sus cabeza entre sus brazos y lloró.

“Te amo”, dijo entre sollozos.

Había pasado más de un mes desde que Beata Mariana de Jesús Mejía-Mejía vio por última vez a su hijo Darwin, de apenas 7 años. Según ella, las autoridades los separaron en un centro de detención de inmigrantes ubicado en Arizona, días después de cruzar la frontera entre Estados Unidos y México.

Esta semana, la madre guatemalteca de 38 años demandó a múltiples agencias gubernamentales y a altos funcionarios del gobierno del presidente Donald Trump: le solicitó a un juez federal que les ordenara a las autoridades liberar a su hijo.

El jueves, los abogados anunciaron en la corte que las partes llegaron a un acuerdo, justo minutos antes de que empezara una audiencia en este caso de alto perfil. Pocas horas después, Darwin fue liberado de un albergue en Phoenix, Arizona, y empezó su viaje hacia Washington, a donde su madre había llegado para presentar su caso ante el tribunal federal.

Mejía se reunió con su hijo en el aeropuerto de Baltimore durante la mañana del viernes. También la acompañaban miembros de su equipo legal, quienes transmitieron un video en vivo del emotivo encuentro en Facebook.

Para el momento en que ella y el pequeño llegaron a la zona de equipajes, donde una multitud de periodistas los esperaba, Mejía sonreía: los dos caminaban juntos. Ella les dijo a los reporteros que podía saber que su hijo aún estaba triste.

Darwin miró a su mamá, el labio le temblaba. Ella se inclinó y lo besó en la mejilla.

“Un cuchillo en tu pecho”

Esta semana, Mejía le dijo a CNN que había tratado de averiguar el paradero de su hijo durante semanas. Pero nadie le dio una respuesta clara.

“No es justo para una madre”, expresó. “Es como que te metieran un cuchillo en el pecho y lo matan a uno así”, aseguró.

Mejía sostuvo que ella y su hijo llegaron a Estados Unidos en busca de asilo: huyeron de las amenazas y de la violencia doméstica perpetrada por su esposo en Guatemala. Según la demanda, el 19 de mayo cruzaron la frontera cerca a San Luis, Arizona, e inmediatamente fueron abordados por agentes de la Patrulla Fronteriza. Entonces, quedaron bajo custodia.

En el recurso que presentó, la madre acusó a los funcionarios estadounidenses de violar sus derechos cuando la separaron de su hijo días después.

La Administración de Asuntos de Niños y Familias, división que pertenecen al Departamento de Salud y Servicios Humanos y que se encarga de dirigir los albergues donde permanecen los menores no acompañados y los niños separados de sus padres, no ha respondido a la solicitud de CNN para comentar sobre el caso del hijo de Mejía.

El Departamento de Seguridad Nacional, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) se rehusaron a hacer comentarios al respecto, citando la política de no discutir litigios pendientes.

“Este niño no es el único”

La demanda de Mejía no es la única que está desafiando la práctica, emprendida desde hace meses por el gobierno de Trump, de separar a los niños de sus padres en la frontera. Sin embargo, parece ser la primera presentada por un individuo desde que las autoridades anunciaron su polémica política de “tolerancia cero”.

Este miércoles, un grupo de inmigrantes detenidos presentaron un recurso similar ante una corte federal para reunirse con sus hijos. Y la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles, (ACLU, por sus siglas en inglés) también presentó una demanda colectiva por las separaciones familiares.

En un decreto firmado el miércoles, Trump aseguró que estaba cambiando el rumbo de la medida y que buscaría mantener juntas a las familias detenidas, en lugar de apartarlas. Pero no está claro cómo el decreto podría afectar a las familias que ya fueron separadas. Funcionarios del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, por sus siglas inglés) señalaron que están aguardando más orientación al respecto.

El jueves, miembros del equipo legal de Mejía indicaron que su lucha no termina mientras las familias de inmigrantes continúen separadas como resultado de las políticas de la administración Trump.

“Este niño no es el único”, sostuvo el abogado Mario Williams. “Hay miles de niños en situaciones similares sobre los que tenemos que hacer algo”, añadió.

Las demandas podrían expandirse

Mejía salió libre de su detención el pasado 15 de junio, después de que Libre by Nexus, una compañía de bonos de inmigración, pagara su fianza de 12.500 dólares. Una división legal de la empresa está representando a esta madre en el tribunal.

El pago de la fianza y los costos de la representación legal se brindan de manera gratuita, como parte de un programa para clientes sin recursos, de acuerdo a lo que explicó Mike Donovan, presidente ejecutivo de Nexus Services.

Hablando fuera de la corte federal este jueves, Donovan señaló que espera convertir el caso de Mejía en una demanda colectiva par ayudar a otros padres a reunirse con sus hijos. “Es hora de dejar atrás este capítulo oscuro, triste, enfermo y repugnante de la historia estadounidense”, aseveró.

Libre by Nexus ha enfrentado acusaciones por explotar inmigrantes y, según algunos informes, está bajo investigación en varios estados debido a sus prácticas.

Cuando se le preguntó acerca de los señalamientos anteriores, Donovan respondió que el caso de Mejía es solo un ejemplo de cómo las acciones de su compañía dicen más que cualquier palabra.

“Me preocupo por la gente. Quiero que el encarcelamiento masivo termine este país. Y quiero, especialmente, que el encarcelamiento sin justificación y el encarcelamiento de niños pequeños se acabe”, insistió.

“Nadia nos va a volver a separar”

Ante los periodistas en el aeropuerto, Mejía dijo este viernes que estaba feliz de haber encontrado a su hijos tras tantas semanas de búsqueda. “Nadie nos va a volver a separar”, dijo.

Jeremy Moorhead, Rosa Flores, Gisela Crespo, Alberto Moya y Jessica Schneider, todos de CNN, contribuyeron a este informe.