CNNEarrow-downclosecomment-02commentglobeplaylistsearchsocial-facebooksocial-googleplussocial-instagramsocial-linkedinsocial-mailsocial-moresocial-twittersocial-whatsapp-01social-whatsapptimestamptype-audiotype-gallery
Educación

Me enamoré de este idioma… en “Sesame Street”

Por Jane Carr, Jhodie-Ann Williams

(CNN) — “A veces sueño en español,” escribe Bakir Brown. “Conocí el español y me enamoré del idioma mirando “Sesame Street”. Me encantaba cómo las palabras literalmente se deslizaban por la lengua. Era hermoso. Todavía recuerdo cómo el sketch de tanto tiempo atrás me enseñó mis primeras palabras en español: ‘abierto’ y ‘cerrado’, ‘open’ y ‘closed'”.

Brown fue una de cientos de lectores que respondieron una pregunta sobre idiomas planteada por CNN Opinión como parte de una columna de Reyna Grande, autor de las biografías “The Distance Between Us” y “A Dream Called Home”, sobre su experiencia en el sistema escolar estadounidense después de salir de México. Explicó que como no hablaba inglés, se sentía invisible. Esto hizo que aprendiera a hablar inglés… solo inglés. Así se distanció de su madre, que solo hablaba español, con lo que se dio cuenta de lo beneficioso que es ser bilingüe o multilingüe.

“El multilingüismo ha sido una parte importante de mi identidad toda mi vida”, escribió Maggie Asfahani, que vive en la frontera mexicoestadounidense y prepara alimentos influenciada por una mélange de culturas, gracias a su conocimiento de árabe, inglés y español. “El crisol de razas existe solo en la superficie”, escribe Roberto G., quien describió sus experiencias de hablar con acento y quien —como muchos de los que respondieron— siente que hablar inglés fue la única forma de sentirse incluido en el estilo de vida “estadounidense”.

“Mis padres se rehusaron a enseñarnos en sus esfuerzos por protegernos”, reflexiona Vivian R. sobre la insistencia de sus padres de que ella y sus hermanos aprendieran solo inglés, nunca español, para que no se expusieran a la discriminación. “Saber varios idiomas me ayudó académicamente, agrandó mis horizontes y me permite experimentar más y empatizar con más personas en nuestro planeta”, escribe Cathee R., la primera graduada universitaria en su familia.

Decir que las experiencias que ustedes compartieron con nosotros fueron diversas y potentes no sería hacerles justicia. Cabe decir que en 2015 el informe de la Oficina de Censos de EE.UU. halló que se hablan al menos 350 idiomas en los hogares estadounidenses. En un momento cultural en que las fronteras y la identidad son puntos álgidos en la política nacional y mundial, los idiomas son marcadores profundos e íntimos de ambos.

Muchos de ustedes escribieron conmovedoramente sobre cómo la lengua madre es una conexión formativa —a veces endeble, a veces perdida, otras veces atesorada— entre uno y la familia, especialmente con sus padres.

También compartieron historias difíciles sobre el acoso o la humillación de sus pares o sobre sentirse empujados a los márgenes sociales a raíz de sus idiomas.

Sus historias expresaron de modos más radicales de lo que hubiésemos imaginado cómo los idiomas que hablamos, leemos e incluso soñamos pueden determinar nuestras vidas.

Gracias a todos los lectores que escribieron. Aquí hay una muestra de sus respuestas. Algunas han sido ligeramente editadas para brindar mayor claridad y fluidez.

Mi madre aprendió inglés al mismo tiempo que yo

El árabe fue mi primer idioma. Todavía tengo grabaciones mías recitando el abecedario en inglés, con un acento de lo más fuerte y adorable. Mi madre aprendió inglés mientras yo iba a la escuela, fue aprendiendo conmigo. Crecí en la frontera, en El Paso, y sigo viviendo aquí, por lo que hablo español también. El multilingüismo ha sido una parte importante de mi identidad toda mi vida. La escuela media fue dura, difícil. La guerra civil libanesa y las tomas de rehenes aparentemente frecuentes hacían que me avergonzara de mi herencia. Ahora, estoy al frente de un exitoso restaurante local “Salt + Honey” y puedo servir comidas con la influencia de mi herencia sumada a la cultura local.

Maggie Asfahani, El Paso, Texas

Lo que puede enseñarnos un nuevo idioma

Crecí en Perú y tuve la oportunidad de mudarme a EE.UU. a los 18 años. Poco después me gradué de la Universidad de Washington, fui a Francia, donde estuve cinco años. Ser trilingüe me ha hecho más abierta. Me ha permitido identificarme mejor con otras culturas y personas. Me ha ayudado a comprender mejor porqué las personas dicen lo que dicen y hacen lo que hacen. Actualmente estoy aprendiendo japonés y me maravilla cómo operan las personas japonesas y cuán importante es la armonía para ellas. ¡Se puede aprender tanto por medio de un idioma!

Elsa Sidoine, San Diego

Me enamoré del español mirando “Sesame Street”

A veces sueño en español. Conocí por primera vez y me enamoré este idioma mirando “Sesame Street”. Me encantaba cómo las palabras literalmente se deslizaban por la lengua. Era hermoso. Todavía recuerdo cómo el sketch de tanto tiempo atrás me enseñó mis primeras palabras en español: “abierto” y “cerrado”, “open” y “closed”.

Cuando ingresé a la escuela media, estaba encantada porque finalmente podría aprender el idioma. Seguí estudiándolo durante la escuela secundaria. Aprendimos sobre cultura, arte, dialectos, comidas hispanas, ¡era maravilloso! Me gradué con el mayor nivel de idioma extranjero, Español 5. Desde entonces, lo he usado de tanto en tanto en ámbitos laborales y en lo personal, pero siempre he tratado de mantener un nivel de fluidez aprovechando cada oportunidad. Calculo que es parte de mi subconsciente porque a veces sueño en español. Es como cualquier otro sueño, pero diferente porque tengo conciencia, tanto en mi sueño como cuando despierto, de que todo ocurre en español. Estoy agradecida por haber tenido la oportunidad de aprender otro idioma, y por las personas que comprenden la vasta diáspora que lo hablan. ¡Tiene el poder de cambiar y expandir los horizontes!

Bakir Brown, Richmond, Virginia

El crisol de razas existe solo en la superficie

Vine de Italia en 1991, y fuera de unos pocos viajes de vacaciones y un período de 9 meses en 2007, he vivido en la zona central de Texas durante los últimos 38 años. Sí, todavía tengo acento italiano y todavía me cuesta hasta cierto punto. Si bien tengo una carrera y un buen trabajo, sin embargo, siempre he sentido que no iré más allá de cierto punto por mi idioma y mi diferencia cultural. Me casé con una estadounidense, he vivido aquí como estadounidense y ahora me doy cuenta de lo rápido que estoy perdiendo el manejo de mi lengua madre, el italiano. Los estadounidenses culturalmente tienen problemas para asimilar los idiomas y las culturas de otras personas. La idea del crisol de razas es un intento como mucho, pero existe solo en la superficie. Cuando uno no habla el idioma o la jerga, no habla el idioma de los deportes, y no vive el modo de vida estadounidense, se le considera un forastero y lo será por mucho tiempo.

Roberto G., cerca de Austin, Texas

Solo hablo chino con mis padres

Hablo inglés y chino. Mi familia y yo nos mudamos a EE.UU. cuando tenía 16 años. Uso el chino en particular con mis padres dado que su inglés no es tan sólido para mantener una conversación larga. […] Se sienten más cerca de mí cuando hablamos nuestro idioma “nativo”. Siento que por su fuerte conexión con la cultura en la que ellos crecieron, hablar chino los hace sentirse más ellos mismos. […] Son las únicas personas con las que hablo chino. Me pasé años aprendiendo inglés por mi cuenta, sufrí muchas humillaciones y confusión en la escuela secundaria durante mi período de transición (en) este país. Parte de mí siente que dejé atrás parte de mi vida.

Pam L., Putnam County, New York

Saber varios idiomas me ayudó a tener éxito, con mayor empatía

Crecí en un hogar en el que mis padres solo me hablaban italiano. Mis abuelos vivían con nosotros y también me hablaban solo italiano o su dialecto regional. A los 5 años, ya era bilingüe y hablaba con fluidez ambos idiomas.
Después comencé la escuela. Si bien aprendí inglés en las primeras pocas semanas, todavía se suponía que me sintiera estúpida, diferente y nada genial. Si bien mi italiano me dejaba en buen lugar en los exámenes de vocabulario, los maestros siempre señalaban que los altos puntajes no eran indicativos de inteligencia. Cuando llegué a la adultez, me di cuenta de que ellos deben de haber sido quienes se sentían un poco menos inteligentes. […] ¿Pero saben qué? Saber varios idiomas me ha ayudado académicamente, ha expandido mis horizontes y me ha permitido experimentar más y empatizar más con más personas en nuestro planeta. Me he forjado una vida exitosa a pesar de, los supuestos maestros que tuve en la escuela primaria.

Cathee R., Washington, D.C.

Después de décadas, finalmente me di cuenta del valor de mi lengua materna

En la primavera de 1990, mi familia y yo inmigramos del exestado de la Unión Soviética, ahora conocido como Bielorrusia. Algunos de los momentos más memorables ocurrieron cuando traducía para mis padres y me frustraba porque ellos no lograban entender algo simple. En esos años formativos, deseaba que ellos entendieran todo y que no nos necesitaran a mis hermanos y a mí para traducir. No fue hasta que visité mi país natal, 18 años después a mis 20 años, que valoré de verdad la capacidad de comunicarme con mi abuela y mi familia en Bielorrusia. En ese momento, me prometí a mí misma que mis hijos aprenderían la lengua materna que mis padres me habían enseñado y la cultura que está en su sangre.

Nadezhda Ayala, San Antonio, Texas

Les hablo a mis padres en támil, por respeto

Soy de la generación X e hijo de inmigrantes de la India. Cuando hablo con mis padres, les hablo en támil. Hago esto a pesar de que son profesionales, y también hablan y entienden inglés. Hago esto como señal de respeto. Cuando era más joven, cuando salía con mis padres, hablaba con ellos en támil, pero cuando hablaba con cualquier otra persona, cambiaba y hablaba en inglés.

En la escuela, me dirigía a mis maestros en inglés. Cuando mis padres estaban conmigo, les hablaba en támil, frente a mis maestros. Algunos maestros lo aceptaban, dado que sabían que mis padres hablaban inglés. A otros les causaba rechazo como si fuera algo malo. Hace mucho tiempo, hasta mi maestro de sexto grado me preguntó una vez, por qué no les hablaba en inglés a mis padres. Le dije al maestro, que lo hacía como señal de respeto. Ese maestro intentó convencerme de lo contrario, pero nunca vacilé. Hablé con él, y otros en inglés, y mis padres hicieron lo mismo. Pero siempre hablé con mis padres en támil.

Incluso hasta el día de hoy, como estadounidense por nacimiento de cuarenta y tantos años, aún hablo con mis padres ancianos en támil. Vivo en una casa en donde mi esposa habla vietnamita e inglés, y yo hablo inglés, támil y español. Nunca hemos tenido problemas por ello. Unas pocas veces aquí en Phoenix en la calle, alguien al pasar me ha dicho debía hablar en inglés (me oyeron hablarle a mi esposa en vietnamita). De manera educada les dije en inglés que se ocuparan de sus propios asuntos. Siguieron su camino.

Rahul Iyer, Mesa, Arizona

Recuerdo haberme sentido avergonzada cuando hablaba español

Aprendí a hablar español por primera vez de niña, dado que me crié en una casa donde se hablaba casi exclusivamente español. Después asistí a la escuela y me sorprendió que me pusieran en una clase normal de jardín de infantes y no en una clase de inglés como segundo idioma. Aprendí inglés rápidamente, y eventualmente reemplazó mi español como lengua dominante. Recuerdo haberme sentido avergonzada de hablar español frente a algunos de mis amigos. Cuando finalmente crecí, me di cuenta de la importancia de seguir aprendiendo mi primer idioma como una manera de comunicarme más eficazmente con mi familia y de mantener una conexión con mis raíces. No solo eso, me abrió oportunidades profesionales. Ahora que tengo hijos propios, ellos aprendieron inglés primero; sin embargo, todos han tomado clases de español en la escuela a fin de intentar comunicarse con su familia y de aprender sobre sus orígines.

Mitchell Sosa, Houston

Me siento mal por la gente que experimenta discriminación y por aquellos criados por intolerantes

Mi experiencia es bastante diferente. Soy nativa, de padres nativos, y mi primera lengua es el inglés. Pero pasé años, desde séptimo grado, aprendiendo otros idiomas. Al principio, estudié francés porque eso era todo lo que ofrecían. Cuando fui a la universidad, agregué español a mis estudios, así que mi especialización fue en francés y mi concentración secundaria fue en español. Mientras fui creciendo, tuve la fortuna de estar en contacto con personas que hablaban uno de los dos idiomas y de visitar países donde se hablaba uno de los dos idiomas, como Europa, México y Canadá. Conocí a mucha gente de países de habla francesa en África. Ahora que soy mayor, ¡me considero una mujer rica! Puedo construir pequeños puentes con otros. Puedo disfrutar de la literatura y de los acontecimientos más recientes —noticias, periódicos, televisión— de muchas culturas. Mi mente se expande. Me siento muy mal por los jóvenes que sufrieron la discriminación descrita en esta columna. También me siento terrible por los hijos de los intolerantes: los jóvenes cuyas mentes nunca se estirarán, ni se extenderán ni mejorarán de ese modo único como cuando uno se comunica con otra persona en un idioma que no es el propio. Y a los jóvenes que están siendo apartados debido a su español, les digo que han de sentirse orgullosos. Ustedes son lo suficientemente listos e inteligentes como para ser bilingües. Son inteligentes, y espero que lleguen lejos.

Anne Madison, Baltimore

Me sentía diferente a todos los demás

Me crié en un país del tercer mundo y hablaba dos idiomas, pero no el idioma inglés. Mi padre se dio cuenta muy al principio de que hablar inglés nos abriría puertas a mi hermana y a mí. Me inscribió en una escuela estadounidense y estuve rodeada de estudiantes y maestros que no me entendían y a quienes yo no les entendía. Fue extremadamente aislante, y mis compañeros de clase me atormentaban. Me sacaban a menudo de mi clase para asistir a la clase de inglés como segundo idioma, lo que acentuaba aún más el hecho de que yo era distinta a todos los demás y me condujo a un mayor aislamiento y acoso. Avancemos 40 años hasta el día de hoy, y ya no hablo una de mis dos lenguas maternas porque la olvidé. Sin embargo, como confirmación del sueño y predicción de mi padre, trabajo para una empresa maravillosa en donde se celebran la diversidad y la inclusión.

Keli R., Tallahassee, Florida

Dos idiomas ayudaron a mis hijos a estar orgullosos de ser lo que son

Mi esposa y yo somos de Zimbabwe y fuimos a la universidad en lo que era entonces Alemania Occidental. Nuestras dos hijas nacieron allí. Nos maravilló lo fácil que fue para nuestras hijas poder conversar y comunicarse en dos idiomas distintos. En casa solo les hablábamos en nuestra lengua madre (shona) y en el jardín de infantes hablaban alemán. Esto las ayudó no solo a mantener su identidad como zimbabuenses sino también a estar orgullosas de quienes son.

M.N., Harare, Zimbabwe

Mis padres trataron de protegerme mediante el inglés

Soy hispana y solo hablo inglés. Mis padres eran trabajadores migrantes en los campos de remolachas en Minnesota desde niños. Mi padre nació en Texas y mi madre nació en Oklahoma. Finalmente se mudaron y crecieron en St. Paul, Minnesota. De niños, a mi hermano, a mi hermana y a mí nunca nos enseñaron el español. Me contaron que a mi madre y a mi padre les pegaban en las manos con una regla en la escuela si alguna vez hablaban español en clase. Decidieron que no querían que sus hijos se enfrentaran a ese tipo de disciplina y no nos enseñaron el español.

Éramos verdaderamente minoría en Minnesota, y siempre me sentí avergonzada de mi cultura y de mi herencia, por lo que fue algo que no aproveché ni aprendí. Recuerdo de niña que odiaba mi piel oscura y mi grueso pelo negro. Siempre quería ser hermosa, lo que requería piel blanca y cabello rubio. Crecí en un barrio todo negro y fui a escuelas católicas todas blancas, donde me insultaban como negra y siempre me sentía menos.

Me sentía más cómoda entre mis amigos negros y sentía gran vergüenza entre hispanos. Fue todo un cambio ver a lo largo de mi vida un cambio real en el orgullo y la riqueza de la cultura latina. Me sentía una forastera, pero ahora ya no siento vergüenza. En mi certificado de nacimiento estoy anotada como blanca. Creo que en la década de los 50 cuando nací, la única opción era negro o blanco. Me gustaría que me hubieran enseñado de niña sobre mi herencia con orgullo y que me hubiesen enseñado a hablar español, pero entiendo por qué mis padres se rehusaron a enseñarnos en su esfuerzo por protegernos.

Vivian R., Monterey, California

A veces, todavía sueño en italiano

Viví en Nápoles, Italia, durante 21 años mientras trabajaba para el Departamento de Defensa. Tengo herencia italiana, y me tomé el tiempo de aprender el idioma italiano mientras vivía allí. Todavía sueño en italiano de cuando en cuando. También hablaba español antes de mudarme a Italia, y quiero volver a aprender bien el español. Muchos de mis amigos europeos son bilingües o multilingües y creo que hablar más de un idioma es algo de lo cual enorgullecerse.

Henry Woodruff, Durango, Colorado

Hablar otro idioma, incluso no muy bien, es bueno para el alma

Como una gringa hecha y derecha, me costó aprender español en una escuela toda de blancos en una pequeña ciudad en el sur de Illinois. Si bien no era la niña más inteligente, sabía que un idioma me sacaría de ese pueblito y agrandaría mi mundo. Tenía razón. […] Trabajar con niños recién llegados de México me ayudó a lograr fluidez, al igual que ir de viaje de estudios durante todo el verano, quedándome en casas de familia y tomando clases. Aprendí sobre mundos muy distintos al mío y me abrí a nuevas amistades y oportunidades que de otro modo no habría tenido nunca. Ahora tengo amigos en todo el mundo, y a los 63 sigo estudiando. Recientemente conseguí mi título de profesora de inglés como segundo idioma y planeo seguir viajando y aprendiendo. Mi historia no es tan interesante, pero resalta lo que me gustaría que muchos de mis amigos del interior se dieran cuenta, que el mundo es un lugar fascinante que ofrece tanto. Hablar otro idioma, aunque uno no lo hable tan bien, es bueno para el cerebro y el alma.

Jo Chapman, Carbondale, Illinois

(Traducción de Mariana Campos)