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Arabia Saudita

Exclusivo: Arabia Saudita dijo que confesaron, pero documentos judiciales muestran que algunos ejecutados manifestaron su inocencia

Por Tamara Qiblawi, Ghazi Balkiz

Beirut, Líbano (CNN) — Mucho antes de que Arabia Saudita anunciara que había llevado a cabo una de las ejecuciones en masa más grandes de su historia a principios de esta semana, algunos de los hombres condenados a muerte habían presentado súplicas fervientes ante los tribunales en un intento por salvar sus vidas.

Muchos dijeron que eran totalmente inocentes, que sus confesiones habían sido escritas por las mismas personas que los habían torturado. Algunos afirmaron tener evidencia de su abuso a manos de sus interrogadores. Y uno reafirmó la lealtad al rey Salman y su hijo, Mohammed bin Salman, con la esperanza de obtener indulgencia del tribunal, según muestran los documentos del juicio.

Ninguno de estos argumentos convenció a los jueces que supervisaban sus juicios en 2016, y los sospechosos fueron condenados por delitos relacionados con el terrorismo y condenados a muerte. El martes, Riad anunció que 37 hombres habían sido ejecutados, incluidos tres que eran menores cuando el reino dijo que habían cometido sus crímenes. Uno de los hombres fue crucificado después de su ejecución y puesto en exhibición como advertencia a otros.

El más joven de los hombres ejecutados fue Abdulkareem al-Hawaj, según Amnistía Internacional. Fue acusado de participar en violentas protestas a los 16 años, y su sentencia de muerte provocó una protesta de las Naciones Unidas, que había instado al reino a anular la decisión.

Abdulkareem al-Hawaj (a la izquierda) y Mujtaba al-Sweikat fueron asesinados por el gobierno de Arabia Saudita en abril de 2019.

Otro fue Mujtaba al-Sweikat, que tenía 17 años cuando participó en las manifestaciones que lo llevarían a su arresto en 2012. Fue detenido en un aeropuerto de Dammam mientras se preparaba para abordar un avión a Estados Unidos, donde iba a inscribirse pronto en la Western Michigan University.

CNN ha obtenido cientos de páginas de documentos de tres juicios de 2016 en los que participaron 25 de los hombres cuyas ejecuciones se anunciaron esta semana. Once fueron declarados culpables de espionaje en nombre de Irán, la némesis regional de Arabia Saudita. Otros 14 fueron declarados culpables de formar una «célula terrorista» durante las protestas contra el gobierno en la ciudad mayoritariamente chiíta de Awamiya en 2011 y 2012. La mayoría de ellos eran de la muy criticada minoría chiíta del país.

Para las autoridades, el juicio de los involucrados en las protestas de Awamiya fue un caso sencillo: los hombres confesaron, y «se hizo justicia», en palabras de un funcionario saudí a CNN el martes. Cuando las Naciones Unidas expresaron su preocupación en 2017 de que la tortura había sido utilizada para obtener las confesiones en ese caso, el gobierno saudí respondió con una carta negando las afirmaciones y afirmando que los hombres habían aceptado su culpabilidad en el tribunal.

Pero los documentos obtenidos por CNN muestran que, lejos de reconocer sus confesiones, algunos de los hombres en el caso Awamiya dijeron repetidamente al tribunal que las admisiones de culpabilidad eran falsas y que se habían obtenido mediante tortura. En algunos casos, los sospechosos dijeron que no habían proporcionado nada más que sus huellas digitales para firmar las confesiones que, según afirmaban, habían sido escritas por sus torturadores.

«Esas no son mis palabras», dijo uno de los acusados, Munir al-Adam, durante el juicio, según los documentos. «No escribí una carta. Esta es una difamación escrita por el interrogador con su propia mano».

El joven de 27 años, que era parcialmente ciego y sordo, fue nombrado como uno de los hombres ejecutados el martes.

El gobierno saudí no respondió de inmediato a varias solicitudes de comentarios sobre las denuncias de tortura y confesiones forzadas establecidas en los documentos judiciales.

En un comunicado sobre las ejecuciones, un funcionario saudí le dijo a CNN el martes: «El Reino de Arabia Saudita ha adoptado hace tiempo una política de tolerancia cero hacia los terroristas que derraman la sangre de los inocentes, amenazan la seguridad nacional del reino y distorsionan nuestra gran fe. Los delincuentes condenados que fueron ejecutados hoy tuvieron su día en la corte y fueron declarados culpables de delitos muy graves».

  • Mira: Reporteros cuentan cómo es ver una ejecución de pena de muerte

‘Sembrando disturbios’

La mayoría de los prisioneros que fueron ejecutados eran miembros de la comunidad chiíta minoritaria del reino, que desde hace mucho ha protestado contra la marginación política y económica del grupo religioso.

Varios de los casos que involucraron a quienes fueron ejecutados se centran en Awamiya, la ciudad chiíta en la provincia oriental del país, donde se originaron las protestas de la Primavera Árabe en 2011. Awamiya era la ciudad natal del prominente clérigo chií Sheikh Nimr al-Nimr, quien fue una figura líder en la provincia antes de que fuera ejecutado por el gobierno saudí en 2016.

En uno de los casos, 24 hombres fueron procesados por presuntos delitos relacionados con las protestas. Catorce de ellos fueron acusados de unirse a una célula terrorista, según un informe de la ONU sobre el caso. Esos 14 hombres estaban en la lista de las 37 ejecuciones anunciadas el martes.

El procesamiento de los hombres se basó en gran medida en las confesiones, de acuerdo con los documentos judiciales vistos por CNN, y los 14 hombres acusados de unirse a una célula terrorista negaron los cargos.

En conjunto, las confesiones atribuidas a esos 14 hombres pintan un cuadro detallado de un grupo de jóvenes activistas que coordinaron los disturbios, organizaron propaganda antigubernamental y, a veces, tuvieron relaciones sexuales entre ellos.

Uno de los hombres ejecutados admitió haber tenido relaciones sexuales con cuatro de los otros hombres en juicio, de acuerdo con una confesión presentada ante el tribunal. Sus relaciones sexuales aparecieron dos veces en las declaraciones publicadas, mezcladas con detalles sobre la violencia contra el gobierno. La homosexualidad es ilegal en Arabia Saudita, que se adhiere a una interpretación estricta de la ley Sharia.

«Dijo que hizo todo esto porque pertenecía a la secta chiíta y porque estaba en contra de la secta sunita, y debido a su odio por el estado y sus hombres y sus fuerzas de seguridad», dijo el informe de la corte. El hombre negó los cargos en su contra, y su abogado dijo que el interrogador «inventó» la confesión.

Otro prisionero ejecutado, Hussein Mohammed al-Musallam, dijo a la corte que sufrió múltiples lesiones, entre ellas su nariz rota, la clavícula y una pierna.

«Nada en estas confesiones es correcto y no puedo probar que fui forzado a hacerlo», dijo Musallam, según los documentos. «Pero hay informes médicos del hospital de la prisión de Dammam y les pido su honor para convocarlos. (Los informes) Muestran los efectos de la tortura en mi cuerpo».

  • Mira: Cinco sospechosos podrían ser condenados a la pena capital por la muerte de Jamal Khashoggi

‘Forzado a firmar para que la tortura se detuviera’

Todo el caso contra el estudiante Mujtaba al-Sweikat fue diseñado para «crear la ilusión de una célula terrorista» donde no había una, argumentó su padre en la corte.

«Sólo algunos de los 24 hombres cometieron delitos reales», dijo Nader al-Sweikat, quien actuó como abogado de su hijo durante el juicio en masa, según los documentos judiciales.

Al defender a su hijo, Nader al-Sweikat trató de pintar la imagen de una familia patriótica que era leal al reino y de un niño diligente y de buen comportamiento que terminó sus exámenes oficiales finales en Arabia Saudita con un promedio del 94%.

Pero en lugar de perseguir sus sueños en Michigan, Mujtaba al-Sweikat fue arrestado en 2012 y puesto en una celda de aislamiento por 90 días, según la declaración de su padre.

Los documentos judiciales dijeron que Sweikat confesó haber lanzado cócteles Molotov a las fuerzas de seguridad y haber dirigido un grupo de chat en su teléfono Blackberry que ayudó a organizar las manifestaciones. Su padre afirmó que su hijo solo se unió dos veces a las manifestaciones y durante cinco minutos cada vez.

«Fue sometido a un abuso psicológico y físico que agotó su fuerza», dijo el padre de Sweikat en una declaración en la hoja de juicios. «El interrogador dictó la confesión a Sweikat y lo obligó a firmarlo para que la tortura se detuviera. Él lo firmó».

Al final, Mujtaba al-Sweikat también fue declarado culpable y condenado a muerte.

Según Amnistía Internacional y algunos activistas saudíes, las familias no fueron informadas antes de las ejecuciones, y se sorprendieron cuando recibieron la noticia de que sus seres queridos detenidos por largo tiempo habían sido asesinados.

Ninguna de las familias parece haber comentado públicamente desde que se anunciaron las ejecuciones. Las autoridades sauditas han citado el contacto con periodistas extranjeros como evidencia en otros casos penales.

Un funcionario del Departamento de Estado de Estados Unidos expresó su preocupación por las ejecuciones el martes.

«Hemos visto estos informes. Instamos al gobierno de Arabia Saudita y a todos los gobiernos a garantizar las garantías judiciales, la libertad frente a la detención arbitraria y extrajudicial, la transparencia, el Estado de derecho y la libertad de religión y de creencias», dijo el funcionario a CNN.

Las ejecuciones hacen parte de una represión más amplia

Arabia Saudita tiene uno de los índices de pena de muerte más altos del mundo. Anteriormente, llevó a cabo una ejecución masiva de 47 personas en enero de 2016, incluyendo a Nimr al-Nimr, el clérigo chiíta. Los presos ejecutados fueron acusados de terrorismo y de tener ideología extremista.

El príncipe heredero de la corona saudita Mohammed bin Salman ha supervisado una intensiva represión contra la disidencia desde que surgió por primera vez en la escena política del reino en 2015. En los últimos años, también ha ordenado el arresto de empresarios y príncipes de alto perfil, junto con defensores de los derechos de las mujeres, que supuestamente fueron torturados y a quienes las autoridades acusan de «contacto sospechoso» con entidades extranjeras. El gobierno ha negado repetidamente las acusaciones de tortura.

El reino también ha luchado por contener las consecuencias del asesinato de Jamal Khashoggi en el consulado de Arabia Saudita en Turquía en octubre pasado. La CIA concluyó que bin Salman ordenó el asesinato del periodista, aunque Riyadh ha negado la acusación.

La noticia de las ejecuciones masivas se produjo en vísperas de una importante conferencia de negocios en Riyadh, pero no impidió que asistieran algunos de los nombres más importantes de la banca y las finanzas. El CEO de BlackRock, Larry Fink, el CEO de HSBC, John Flint, y el director de operaciones de JPMorgan, Daniel Pinto, aparecieron en el escenario el miércoles en el evento organizado por el gobierno saudí.

A ninguno de los ejecutivos de finanzas se les preguntó sobre los derechos humanos en la conferencia. JPMorgan y Morgan Stanley declinaron hacer comentarios. HSBC y BlackRock no respondieron de inmediato a una solicitud de comentarios.