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Reino Unido

Archie, el bebé de Meghan y Enrique, no curará el racismo en el Reino Unido, pero marca un progreso

Por Jane Merrick

Londres (CNN) — Archie Harrison Mountbatten-Windsor no ha cumplido una semana de nacido y ya tiene muchas expectativas sobre sus pequeños hombros. El hijo del duque y la duquesa de Sussex puede ocupar el séptimo lugar del trono, pero en el momento de su nacimiento la semana pasada estaba a la vanguardia de la psique británica.

La llegada de Archie llega a una encrucijada tentativa y frágil en la historia del Reino Unido: mientras el país espera el brexit, todavía está terriblemente desunido por la decisión de abandonar la Unión Europea. La salida de un bloque comercial multinacional inclusivo aún está por suceder, pero cuando suceda, y si lo hace, muchos lo verán como un paso atrás para el Reino Unido hacia un país aislado, estrecho de miras y solitario temeroso de la inmigración y la modernidad.

En ese contexto, entonces, algunos miraron a la familia real, y no a la política, en busca de signos de progreso. El nacimiento de una niña en la línea de sucesión de una mujer de raza mixta ya iba a ser simbólico, pero el retrato de Meghan, Emrique, la reina, el duque de Edimburgo y la madre de Meghan, Doria Ragland, todos juntos observando con adoración al bebé fue aclamado como un momento decisivo para la Gran Bretaña multicultural.

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Patrick Vernon, un comentarista social, historiador cultural y activista, le dijo al HuffPost de Reino Unido esta semana que la presencia de Doria era “significativamente importante, ya que recuerda al público y a la familia real que hay negros en Union Jack… Gran Bretaña es una sociedad multicultural y secular, y Meghan y Harry reflejan una nueva modernidad para la familia real. Cuando la gente escriba los libros de Historia en el futuro… los historiadores no podrán borrarnos de la historia de Gran Bretaña de nuevo”.

Sin embargo, pese a lo significativo y celebrativo del retrato de la familia, nadie debería hacerse la ilusión de que el nacimiento de Archie puede resolver los problemas de gran alcance del racismo en el Reino Unido, y sería injusto esperar que pudiera.

Los delitos de odio en el país, de los cuales los incidentes por motivos raciales representan la gran mayoría, alrededor de las tres cuartas partes, se han duplicado con creces en los últimos cinco años. En 2017-2018, la policía registró más de 71.000 delitos de odio racial, en comparación con los 62.000 del año anterior. Si bien no hay una causa única para este sorprendente aumento, el gobierno reportó picos en los delitos de odio después del referéndum del brexit en 2016 y la serie de ataques terroristas en el Reino Unido en 2017.

Desde el matrimonio de Meghan con Enrique hace un año la próxima semana, la duquesa misma ha sido retratada, al menos en algunos medios de la prensa británica, como una estadounidense exigente, disruptiva y difícil, culpable de por alejar a Enrique y su hermano, el duque de Cambridge; en el peor de los casos, ha habido una especie de “otro” y un racismo velado.

Y su hijo recién nacido apenas tenía tres días de edad antes de ser víctima de un abierto racismo: un presentador de radio de la BBC, Danny Baker, publicó en Twitter una vieja foto en blanco y negro de una pareja con un chimpancé vestido de niño y escribió la leyenda: “El bebé real sale del hospital”. Si bien Baker eliminó rápidamente el tuit, afirmando que no se había dado cuenta de las connotaciones racistas, y también afirmó, extrañamente, que no tenía idea de que el nuevo bebé real fuera de Meghan, el incidente provocó mucho dolor. Baker fue despedido de la BBC y más tarde emitió una disculpa más directa.

En The Guardian, la periodista Micha Frazer-Carroll escribió: “Apenas 72 horas después de su nacimiento, el recién nacido Archie, envuelto en privilegios, ha estado expuesto a las realidades del prejuicio británico… ni siquiera los que están en la cima literal del “orden jerárquico parecen estar protegidos de la burda discriminación. Este bebé tiene toda una vida en público, y, me temo, una vida de las formas más bajas de racismo también”.

Lo que la semana pasada ha demostrado es que el nacimiento de un hijo de raza mixta en la familia real no se puede usar como una panacea para asegurar a los británicos que son un país inclusivo y progresista, por mucho que se necesite una tranquilidad en este momento, ya que Reino Unido se tambalea al borde de un futuro desconocido.

En momentos de crisis en el país, sus ciudadanos a menudo han buscado respuestas en la familia real: durante la Segunda Guerra Mundial y después de la muerte de Diana, la princesa de Gales, solo por mencionar dos ocasiones. Las bodas reales y los bebés reales han sido distracciones alegres de las realidades sombrías de la política pero, a menudo, poco más.

Sin embargo, la boda de Harry y Meghan del año pasado, que fue una celebración sin vergüenza de la herencia de los novios, y el nacimiento de su hijo Archie esta semana, junto con ese retrato oficial, han marcado algo más: el progreso en la más blanca y la más elitista de las instituciones. Si bien este bebé no va a curar el racismo en el Reino Unido, todo eso le ha importado a mucha gente.