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Inmigración

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Niños migrantes suplican por lo básico en centros de detención: comida, medicina, jabón y un poco de consuelo

Por Eliott C. McLaughlin

(CNN) — Describen las celdas de detención de migrantes como jaulas. Las madres adolescentes solo quieren ropa limpia para sus bebés. Otros dicen que sus hijos necesitan ver a un médico.

Un niño asustado de 5 años, separado de su padre, pide medicinas para su tos.

Algunos detenidos hacen las solicitudes más básicas: una manta, un cepillo de dientes, jabón, un bocado para comer, algún lugar para lavarse las manos. Un niño dice que un poco de consuelo podría hacer mucho.

“Estoy en una habitación con docenas de otros niños”, le dijo un adolescente de 17 años a un abogado que representa a los niños migrantes. “Algunos tienen apenas 3 o 4 años. Unos lloran. En este momento, hay un niño de 12 años que llora mucho. Otros tratan de consolarlo. Uno de los agentes se burla de los que lloran”.

Estas son algunas historias recopiladas por abogados del Centro de Derechos Humanos y Derecho Constitucional, que le pide a un juez federal que declare en desacato a la administración del presidente Donald Trump y que ordene mejoras inmediatas en los centros de detención de niños.

Los abogados identificaron a los niños solo por edad y género en la mayoría de los casos.

Aunque la demanda cita centros en El Paso, Texas, y el Valle del Río Grande, entre las historias de los abogados hay algunas de una instalación de la Patrulla Fronteriza y Aduanas (CBP) de McAllen, Texas, y de la instalación de Clint, Texas, que los reporteros recorrieron el miércoles.

Aunque los agentes de la Patrulla Fronteriza mostraron a los periodistas paletas de comida, cajas de artículos de tocador y niños jugando fútbol y trenzándose el cabello, una fuente del CBP con conocimiento de primera mano de las instalaciones le dijo a CNN: “Típico. La agencia los preparó”.

La historia de un niño de 12 años pinta un panorama muy diferente de las condiciones: “Tengo hambre aquí en Clint todo el tiempo. Tengo tanta hambre que me he despertado en medio de la noche con hambre. A veces me despierta el hambre a las 4 a. m., a veces a otras horas.

“Tengo mucho miedo de pedirles más comida a los funcionarios que están aquí, aunque no haya suficiente comida para mí”.

Aquí hay más historias narradas por los abogados:

  • Dolly Lucio Sevier, pediatra que entrevistó a 39 niños: “Las condiciones en las que se encuentran recluidos pueden compararse con instalaciones de tortura. Es decir, temperaturas frías extremas, luces encendidas las 24 horas del día, no hay acceso adecuado a atención médica, saneamiento básico, agua o comida adecuada … Los 39 detenidos no tuvieron acceso a lavarse las manos durante todo el tiempo que estuvieron bajo custodia, incluyendo no lavarse las manos después de usar el baño”.
  • Madre hondureña, edad censurada, en el centro de detención de Ursula en McAllen: “He estado aquí sin bañarme durante 21 días. He visto que cuando tratamos de quejarnos de las condiciones, los (agentes) quieren saber lo que dijimos. Luego comienzan a gritarnos diciendo cosas como ‘No perteneces aquí’, ‘Vuelve al lugar de donde viniste’, ‘Ustedes son unos cerdos’, ‘Viniste aquí para arruinar mi país’. Tratan de intimidarnos. He visto a agentes golpear a otros detenidos en el estómago”.
  • Un joven de 15 años de El Salvador: “Un agente de la Patrulla Fronteriza vino a nuestra habitación con un niño de 2 años y nos preguntó: ‘¿Quién quiere cuidar a este niño?’ Otra niña dijo que cuidaría de él, pero perdió interés después de unas pocas horas, por lo que comencé a cuidarlo … Alimento al niño de 2 años, le cambio el pañal y juego con él. Está enfermo. Tiene tos, mocos y costras en los labios”.
  • Una niña guatemalteca de 17 años: “Hace tres días mi bebé ensució su ropa. No tenía dónde lavar la ropa, así que no pude volver a ponérsela a mi bebé porque la caca salió de su pañal y manchó toda su ropa. Desde entonces, mi bebé de solo tres meses solo ha usado una pequeña chamarra hecha de material de camiseta. No tengo nada más para mi hijo”.
  • El niño guatemalteco de 12 años mencionado anteriormente: “Los guardias de la segunda instalación eran mezquinos y nos daban miedo. Nos gritaron. Un día los guardias exigieron saber quién tenía comida. ‘Quien tenga comida irá a la cárcel’, gritaron … Encontraron a un niño de 15 o 16 años que tenía un burrito, pudín y jugo. Los agentes le esposaron las muñecas. Mi primo y yo estábamos muy sorprendidos y asustados”.
  • Una niña hondureña de 8 años: “Mi hermana ha estado muy enferma. El médico le dijo que no llorara porque si llora se enfermará … Uno de los niños en nuestra celda es malo con nosotros y nos dice que no podemos jugar y que estaremos encerrados en una habitación oscura aquí. La creo y no quiero estar encerrada en la habitación oscura”.
  • Una hondureña de 16 años: “El día después de que llegamos aquí, mi bebé comenzó a vomitar y tenía diarrea. Pedí ver a un médico y no nos llevaron. Pregunté de nuevo al día siguiente y el guardia dijo ‘Ella no se ve como un bebé enfermo. No necesita ver a un médico’. Mi hija no ha tenido medicamentos desde que llegamos. Tiene tos muy fuerte, fiebre y sigue vomitando y tiene diarrea”.
  • Una niña hondureña de 17 años: “Me dieron una manta y un colchón, pero luego, a las 3 a. m., los guardias tomaron la manta y el colchón. Mi bebé se quedó dormido en el suelo. De hecho, casi todas las noches, los guardias nos despiertan a las 3 a. m. y se llevan nuestros colchones y mantas para dormir. Dejan a los bebés, incluso a los más pequeños de dos o tres meses, durmiendo en el piso frío. Para mí, como estoy embarazada, dormir en el piso es muy doloroso para mi espalda y caderas. Creo que los guardias actúan de esta manera para castigarnos”.
  • Una niña ecuatoriana de 12 años en Clint: “Los funcionarios aquí son muy malos para nosotros. Durante la noche cuando intentamos dormir, entran y nos despiertan, gritándonos y asustándonos. Los guardias que gritan no hablan mucho español, así que es difícil entender lo que dicen. Mis hermanas y yo estamos muy asustadas”.

— CNN, Nick Valencia y Nicole Chávez, contribuyeron a este informe.