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Incendios en el Amazonas

Volar sobre los incendios del Amazonas: ‘Todo lo que puedes ver es la muerte’

Por Nick Paton Walsh, Natalie Gallón

Porto Velho, Brasil (CNN) — El humo es tan espeso que a veces el avión Cessna tiene que subir para mantenerse alejado. A veces te arden los ojos y cierras las rejillas de ventilación para mantener habitable la cabina. A veces es tan malo que es difícil ver qué tan malo es en el suelo allá abajo.

Volar por encima del peor estado afectado del Amazonas (durante la semana pasada), Rondonia, es agotador, principalmente debido a la escala infinita de la devastación. Al principio, el humo disimulaba el flujo constante de campos incendiados y matorrales; de caminos sinuosos que se entretejían en nada más que cenizas. Debajo, las motas anaranjadas de un pequeño incendio aún podrían arder, pero gran parte de la tierra parecía un mausoleo del bosque que una vez lo adornaba.

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“Este no es solo un bosque que se está quemando”, dijo Rosana Villar de Greenpeace, quien ayudó a CNN a organizar su vuelo sobre las áreas dañadas y en llamas. “Esto es casi un cementerio. Porque todo lo que puedes ver es la muerte”.

La cruda realidad de la destrucción es de otro mundo: como una visión conjurada por un alarmista para advertir sobre lo que puede venir si el mundo no aborda su crisis climática ahora. Sin embargo, es real, y es aquí, y es ahora, y está debajo de nosotros, mientras el sol, arriba, y la tierra humeante de abajo nos abrasan.

Rondonia ha registrado 6.436 incendios en lo que va del año, según el Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE) de Brasil. La NASA dice que el estado se ha convertido en uno de los más deforestados en la Amazonía. Brasil tiene 85% más incendios que lo que tenía en esta misma época el año pasado: hasta 80,626 en todo el país para el domingo por la noche.

El presidente Jair Bolsonaro, después de ser criticado, llamado mentiroso y amenazado con sanciones comerciales por algunos líderes del G7, declaró el viernes que enviaría 43.000 soldados para combatir el infierno del Amazonas. (Previamente había despedido al director de INPE por publicar cifras con las que no estaba de acuerdo, y en su discurso del viernes aún dijo que el Amazonas debería usarse para enriquecer a la gente de Brasil).

Sin embargo, mientras la ciudad amazónica de Porto Velho aparece tras una nube de humo que arruina sus mañanas, y desde el zumbido ocasional del avión de carga C130 que pasa por encima, el bosque a su alrededor sobre el que volamos no mostraba el domingo signos de una mayor presencia militar.

La tarea es enorme, casi insuperable. En las áreas donde el humo es más intenso, el sol apenas se arrastra para brillar en el río. En tres horas, vi un solo pájaro en este santuario natural. Las llamas parecen moverse en una línea recta a través de la sabana, tragándose todo lo que queda en su camino.

Hay edificios ocasionales, aislados en las tierras de cultivo recién creadas a su alrededor. Pero no hay signos de vida humana, solo ganado, atrapado entre las nubes y las llamas. A menudo son la razón de los incendios: la prisa por la deforestación provocada por un creciente mercado mundial de la carne de res. El ganado necesita soja cultivada en los campos, o pastar en la hierba, y luego convertirse en la carne que Brasil vende a China, ahora que una guerra comercial con Estados Unidos ha cambiado el mercado.

La razón de los incendios es discutible, pero no tanto desde esta altura. Bolsonaro ha dicho que son parte de la habitual quema anual, en esta, la estación seca. Pero sus críticos, muchos de ellos científicos, han notado que la política del gobierno de alentar la deforestación ha impulsado tanto la limpieza de la tierra que ayuda a los incendios, como la licencia menos escrupulosa de los agricultoras para las quemas.

A medida que la tasa de limpieza de la tierra llega a un campo y medio de fútbol por minuto –las estadísticas del daño causado al bosque emulan el misterio incomprensible de su belleza desaparecida– muchos analistas temen que se acerque un punto de inflexión.

Cuanto más se tala el bosque, menos humedad se mantiene debajo de su dosel y más seca se vuelve la tierra. Cuanto más seca se vuelve la tierra, más susceptible es al fuego. Cuanto más fuego, menos bosque. Un ciclo automático ya está en marcha. La pregunta es cuándo se volverá irreversible.

Brasil ya está lidiando con la posibilidad de cambios permanentes en su ecología. “El Amazonas es extremadamente fundamental para el sistema de agua en todo el continente”, dijo Villar de Greenpeace. “Entonces, si talamos el bosque, en algunos años no tendremos lluvia en el sur del país”.

Es difícil tomar cualquier reclamo de fatalidad futura como alarmista, cuando ves horizontes que se tornan invisibles por el humo, las llamas marchan por las llanuras como lava, y escuchas a los taxistas desinteresados que te dicen que nunca lo han visto tan mal. El futuro apocalíptico está aquí y es impaciente.

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