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ANÁLISIS | Si el brote de covid-19 en Nueva Zelandia es ‘terrible’ como dice Trump, ¿cuán grave está el resto del mundo?

Por James Griffiths

Hong Kong (CNN) — Al hablar en Minnesota el lunes, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aparentemente se sentía reivindicado.

Refiriéndose a algunas naciones que ahora están viendo una nueva ola de casos de coronavirus, Trump dijo que «estaban mostrando nombres de países y ahora están diciendo ‘¡uy!'».

«Incluso en Nueva Zelandia, ¿vieron lo que está pasando en Nueva Zelandia? ‘Lo vencieron, lo vencieron’. Era como en la portada, lo vencieron, porque querían mostrarme algo”, agregó. «El problema es que el gran aumento en Nueva Zelandia… es terrible».

Nueva Zelandia notificó nueve casos nuevos el lunes. Estados Unidos informó decenas de miles. Solo un estado, Vermont, tiene menos casos totales que Nueva Zelandia, y aún podría superarlo dada la etapa comparativa de los brotes de los dos países.

Si bien una nueva ola de casos ha causado cierta alarma en Nueva Zelandia, después de que el país pasó más de 100 días sin ninguna infección comunitaria, ya se ha controlado en gran medida.

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Pero los comentarios de Trump sí resaltan la desconexión a veces chocante entre la forma en que los gobiernos responden a los brotes y cómo se cubren esas respuestas en los medios y la gravedad de la situación en esos países.

Siguiendo los titulares, la situación reciente en Asia-Pacífico puede parecer bastante alarmante. Nueva Zelandia pospuso sus elecciones y aumentó las restricciones a la vida diaria. Australia ha confinado partes del país e incluso ha declarado un «estado de desastre» en un estado. Corea del Sur está ordenando miles de nuevas pruebas e imponiendo medidas de distanciamiento social. Hong Kong ha introducido sus restricciones más fuertes hasta el momento.

Mientras tanto, en Europa, la gente se va de vacaciones. En todo el Reino Unido, la gente se está reuniendo en playas y parques, mientras que Inglaterra se prepara para enviar a los niños a la escuela. En EE.UU., el enfoque se está desplazando cada vez más hacia las elecciones de noviembre, que no hay posibilidad de posponer, y los estados están reabriendo cada vez más y volviendo a la normalidad.

Las estadísticas no apoyan esta extraña situación mundial. Estados Unidos es el país más afectado a nivel mundial, con 2 millones más de casos de coronavirus que el segundo peor, Brasil, e incluso esa podría no ser la cifra real, ya que las pruebas siguen siendo irregulares. El Reino Unido es el segundo país más afectado de Europa, apenas detrás de España.

De Asia, solo la India se encuentra entre los 10 primeros, según un recuento de casos de la Universidad Johns Hopkins, mientras que ninguno de los cuatro lugares donde las olas recientes han atraído tanta cobertura mediática ni siquiera se encuentran entre los 60 primeros.

Eso no es para minimizar los nuevos brotes en Nueva Zelandia, Australia, Corea del Sur o Hong Kong: el virus no es menos mortal en estos lugares y la necesidad de controlarlo sigue siendo tan pertinente como siempre.

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El hecho de que el virus haya podido regresar a países que en gran parte lo habían erradicado es profundamente preocupante, lo que sugiere que es posible que no podamos relajar por completo las restricciones durante meses o incluso años por venir. Pero existe un modelo para responder a tales oleadas y es el que se está utilizando en gran parte de Asia-Pacífico: eliminar las infecciones comunitarias a través de confinamientos, uso de mascarillas y distanciamiento social, levantar gradualmente los controles a medida que disminuyen las infecciones y reintroducirlos si suben de nuevo.

En respuesta a los comentarios de Trump, la primera ministra de Nueva Zelandia, Jacinda Ardern, dijo el martes que no veía ninguna comparación real entre el grupo actual de Nueva Zelandia y las decenas de miles de casos que se informan diariamente en EE.UU.

«Los nueve casos de Nueva Zelandia en un día no se comparan con las decenas de miles de Estados Unidos y, de hecho, no se comparan con la mayoría de los países del mundo. No me preocupa que la gente malinterprete nuestro estado», dijo Ardern.

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La rápida acción tomada por muchos gobiernos de Asia y el Pacífico en respuesta a la nueva ola de casos, aunque quizás dé una impresión sesgada de cuán drástica es la situación, muestra precisamente cómo volver a controlar las cosas. Y aunque pasar de cero a unas pocas docenas de casos a veces puede parecer un «gran aumento», como Trump describió el último brote de Nueva Zelandia, para muchas personas, sigue siendo preferible a que se mantengan constantes decenas de miles de infecciones diarias.