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Coronavirus

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OPINIÓN | La indecisión sobre la vacuna contra el covid-19 en Estados Unidos es un insulto a los países necesitados

Por Julia Jones

Nota del editor: Julia Jones es una productora de campo con base en la oficina de CNN en Los Ángeles, que cubre las historias relacionadas con el oeste de Estados Unidos. Las opiniones expresadas en este comentario pertenecen a la autora.

(CNN) — Como productora de campo que cubre las dudas sobre las vacunas en las zonas rurales de Estados Unidos, he escuchado a personas que se encuentran en los extremos del espectro de las dudas sobre la vacunación.

La semana pasada, en la zona rural de Oregón, una mujer de edad avanzada me explicó sin aliento que nunca se había vacunado porque el covid-19 «es solo la gripe». Una mesera de 26 años me dijo que dudaba porque las vacunas son demasiado nuevas, y como ella y su prometido están en forma y llevan una dieta equilibrada, no creía que la necesitaran. Un funcionario de salud local dijo que una persona de su condado rechazó la vacuna porque dijo que la convertiría en demócrata.

Luché contra el impulso de reaccionar en su presencia mientras permanecía junto a mi reportero, asintiendo con la cabeza y haciendo lo posible por empatizar. Lo único que quería decir era: «¿Sabes lo que la gente daría por estar en tu lugar?». Pensé en mi mejor amiga, cuyo marido tiene asma crónica. Pensé en mis primos, que no pueden visitar a mi abuelo en el hospital. Pensé en mis dos hermanas pequeñas, que llevan más de un año sin ir a la escuela. En Brasil, de donde soy y donde vive toda mi familia, sería difícil encontrar a alguien que rechazara una vacuna contra el covid.

Estoy orgullosa y agradecida de ser inmigrante en un país tan privilegiado que ha conseguido 1.000 millones de dosis de vacunas y de tener acceso a algunos de los mejores hospitales del mundo, donde hay respiradores, tanques de oxígeno y todo el equipo médico necesario para tratar a los enfermos.

Pero no es así en el resto del mundo.

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La abundancia de Estados Unidos, esta riqueza de recursos que financió los esfuerzos masivos contra el covid, que nuestros líderes se enorgullecían de anunciar, es la misma razón por la que muchos dudan en vacunarse. Algunos estadounidenses están cegados por esta riqueza y privilegio. A pesar de todas las vidas que arrebató la pandemia y de todas las vidas que cambió para siempre, muchos siguen eligiendo ignorar la ciencia en favor de sus propias racionalizaciones no científicas. Aproximadamente una cuarta parte de los estadounidenses adultos dicen que no se vacunarán, según una encuesta de CNN.

Mientras tanto, Brasil está luchando no solo para importar vacunas, sino también con una ola masiva de covid-19 que ha llenado cementerios y unidades de cuidados intensivos y ha provocado escasez de oxígeno. Miles de personas en mi ciudad natal, en el sur de Brasil, no han recibido la segunda dosis de la vacuna porque no hay suficientes dosis.

En California, donde vivo, el gobernador ha prometido reabrir totalmente el estado para el verano boreal. En Porto Alegre, el miedo al covid, especialmente a las variantes más agresivas, sigue llenando el aire. Todo el mundo conoce a alguien que ha tenido el virus o lo tiene actualmente. Las unidades de cuidados intensivos siguen rondando el 90% de su capacidad.

Es imposible no sentirse afectado personalmente cuando alguien dice que no cree que necesite la vacuna, o que no confía en ella, cuando a algunos de mis familiares les faltan meses para conseguir siquiera una cita. Mientras Estados Unidos se acerca rápidamente a un «punto de inflexión en el entusiasmo por las vacunas», Brasil necesita dosis con desesperación.

Mi familia ha tenido mucha suerte hasta ahora. No hemos perdido a nadie por el covid, la mayoría de nosotros hemos podido trabajar o cobrar el subsidio de desempleo. No hemos pasado ni una fracción de lo que tantas otras familias han soportado. Pero aunque algunos de los miembros de mi familia de más de 60 años se han vacunado completamente, pasará mucho tiempo antes de que alguien de mi generación consiga siquiera una cita para la primera vacuna.

Desde que mi abuelo fue ingresado en un hospital hace unas semanas con un tumor agresivo, soy la única nieta que ha podido visitarlo. Mi prima Isabel, de 35 años, tiene un recién nacido en casa y tiene miedo de pisar un hospital repleto de pacientes de covid. Es posible que nuestro abuelo nunca conozca a su niña. Es posible que ninguno de mis primos pueda volver a verlo.

La gran mayoría de las dosis de vacunas se ha destinado a los países de ingresos altos o medios-altos, mientras que los países de bajos ingresos apenas reciben el 0,2%. El director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, afirmó el mes pasado que se trata de un «desequilibrio escandaloso» en la distribución mundial de las vacunas.

EE.UU. y Brasil son un buen ejemplo de estas cifras. Hasta el jueves, más de 105,5 millones de personas en EE.UU., el 32,1% de la población total, estaban totalmente vacunadas. Brasil ha vacunado completamente a unos 15 millones de personas, el 7% de su población.

Sin embargo, aunque los casos en EE.UU. han ido disminuyendo de forma constante durante semanas, en las últimas dos semanas se han notificado más casos de covid-19 en todo el mundo que durante los seis primeros meses de la pandemia, y Brasil y la India representan más de la mitad de esos casos, según la Organización Mundial de la Salud.

OMS: 9 semanas de aumento de casos a nivel mundial 0:42

Brasil superó las 400.000 muertes la semana pasada. Tras el espantoso hito, el ministro de Sanidad del país pidió más vacunas a los países que las tienen. A principios de abril, el embajador brasileño ante la Unión Europea, Marcos Galvão, dijo que el país tiene capacidad para vacunar a 2,4 millones de personas al día. «Si hubiera suficientes vacunas contra el covid-19 disponibles, podríamos vacunar a nuestra población mucho más rápido». Brasil ya cuenta con una infraestructura sólida de vacunas para otras enfermedades. Las vacunas están tan arraigadas en la cultura brasileña que incluso tenemos una mascota para ello. El mayor impedimento es la disponibilidad de dosis, y la voluntad del gobierno de poner en marcha los planes.

El fracaso de Brasil en la gestión de la pandemia no se vio favorecido por el hecho de que su presidente, Jair Bolsonaro, fuera un acérrimo negacionista del covid que calificó el virus de «pequeña gripe». Bolsonaro luego hizo un giro completo en marzo, cuando el país registró 3.251 muertes por covid en un día, anunciando que 2021 «es el año de la vacuna». Esta semana, el senado de Brasil escuchó el primer testimonio en una investigación sobre el manejo de la pandemia por parte del gobierno federal, en el que el ex ministro de salud dijo que advirtió sistemáticamente a Bolsonaro de las consecuencias de ignorar la ciencia sobre el covid-19. El jueves por la noche, Bolsonaro dijo que no pudo ver gran parte de la investigación porque era aburrida y llamó a los senadores «sabelotodos» por acusarlo de no hacer lo suficiente para prevenir las cientos de miles de muertes por el coronavirus.

Brasil depende principalmente de la vacuna CoronaVac, producida allí con ingredientes activos del laboratorio chino SinoVac. Desde enero ha distribuido 42 millones de dosis en todo el país. Las vacunas de AstraZeneca y Pfizer también se han distribuido en el país a través de Covax una iniciativa internacional para el acceso equitativo a las vacunas, y se supone que Brasil recibirá 10 millones de dosis a través de ella. Pero eso no es suficiente para que Brasil alcance la inmunidad de grupo, es decir, alrededor del 70-85% de la población inmunizada.

Mientras Estados Unidos se compromete a compartir 60 millones de dosis de la vacuna de AstraZeneca con otros países, el anuncio de esta semana de la administración Biden en apoyo de una propuesta de exención de patentes de vacunas arroja algo de luz sobre los países que necesitan desesperadamente más dosis de vacunas. Pido que cada uno de nosotros lo tome en sus manos y se esfuerce al máximo por convencer a los que nos rodean y dudan en vacunarse. Cuanto más rápido podamos convencerles de que se vacunen, más rápido podrá mi familia y los de Brasil y otros países tener acceso a sus dosis.